Despedida y cierre por tedio-función

Despedida y cierre por tedio-función

Era una despedida aunque no es necesaria, el medio del que quería despedirme se despidió sin explicación.

No es fácil despedirse…, hoy que nadie se despide ni se va de ningún sitio y yo queriendo despedirme y sin saber muy bien cómo hacerlo.
Es fácil decir adiós pero no es sencillo despedirse de forma brillante, dejando huella en las retinas que te interesa hollar, marcharte con una cortina de aplausos a tu espalda y sonreír sin volver la vista atrás.
Recuerdo cuando llegué, reinaba abril en aquel año del dos mil y nueve, vean aquí si lo desean mi entrada por la puerta grande, mi artículo: “Puede ser que esté equivocado”.
http://www.angelutrillas.com/articulos_vivir_valdemoro/vivirvaldemoro22.pdf
Algo más de cinco años en estólida equivocación. Llegué en un autobús bayo agarrado a las crines suaves de sus fantasmas y, quiero irme difuminando mi silueta en humo y montando un toro negro zaino.
A lo largo y ancho de estos luengos meses he ido contando anécdotas, leyendas, curiosidades, historias, cuentos, boberías… hoy, contaré un suceso que encaja en cualquiera de las categorías citadas. Subrayar si procede la que proceda y táchese las que sean improcedentes. Y para que puedan hacerlo paso a narrar…
Eran las fiestas en mi ciudad natal, Teruel, y de esto hace ya bastantes lunas. Se trataba de la gran fiesta por excelencia, la feria de San Fernando y la Vaquilla del Ángel. En aquella España de fútbol, otros opios y pandereta, poco distante de la actual y sí algo equidistante, era típico el generalizado disfrute de las fiestas. Por lo general, la familia residente en los pueblos y vecindades cercanas, venían, (subían a la capital) un día y aprovechaban para participar de todos los eventos. Así lo hacían mis tíos, antes se podía decir tíos y se entendía como categoría general ahora a lo peor tendría que especificar tíos y tías, bueno me da igual, prosigo.
Mis tíos llegaban temprano, aviaban al ganado y cogían el autobús, estaban puntuales para asistir al pasacalles de los gigantes y cabezudos. Comían en mi casa por lo cual deducirán que mi madre en vez de disfrutar ejercía de cocinera, y así, a las cinco de la tarde podían estar en los toros, a las ocho en el circo y a las once de la noche en la revista, en el Teatro chino Manolita Chen.
Yo era un crío, no tenía edad para revista pero sí para lo demás. Los gigantes y cabezudos no me gustaban, además de levantarse temprano y de tener que desplazarse caminando al centro, una vez allí debía soportar a la muchedumbre y sus gritos; también me daban miedo los cabezudos y temía que algún gigante en una de sus estúpidas persecuciones, acabara perdiendo el equilibrio y cayendo sobre mí espachurrándome.
Los toros y el circo eran otra historia.
Lo recuerdo bien, como si estuviera aconteciendo en este instante: monumental corrida de toros con los diestros Santiago Martín “El Viti”, Paco Camino y Pedro Moya “El Niño de la Capea”. Nosotros cinco, mis dos tíos, dos tías y su sobrino, yo, teníamos entrada de tendido de sol que era más barato que de sombra, además, decía uno de mis tíos, el menos desprendido, que allí terminaba dando la sombra y estabas igual de a gustito que los demás por menos dinero, apreciación algo incierta bajo mi modesto punto de vista.
Sale el primer diestro, a mi diestra mi tío se enciende un puro kilométrico, el aire siniestro sopla hacia babor… por favor que no siga soplando que me estoy tragando todo el humo. A lo largo y ancho del primer y segundo toro fumo gratis todo el humo que entre la magnanimidad de mi tío y la complicidad del viento me es regalado.
Cinco de la tarde, sol inclemente, treinta y ocho grados, humo de puro… al tercer toro empezó a darme vueltas la plaza. Dicen los expertos que no hay quinto malo pero a esas alturas yo no estaba malo, estaba malísimo.
De ahí, sin tregua, caminando deprisa, al circo. Los focos demasiado potentes bajo la lona que había absorbido todo el sol de la tarde turolense, yo que había absorbido a borbotones más de medio puro kilométrico, todo esto acabó conmigo… o casi; todavía no habían terminado los leones de ejecutar las órdenes de Ángel Cristo cuando vomité por primera vez. Mi tío, para el disgusto tal vez, saca y enciende otro puro, mi tía me proporciona aire con el abanico, estamos en primera fila, la silueta sonriente de la mujer andaluza del abanico se sale del instrumento y se mezcla con el humo y con la actuación de los payasos, estoy tan cerca de ellos que si tuviera fuerzas para estirar la mano podría tocarlos.
Vomito de nuevo y de nuevo vomito otra vez. Los payasos paran la actuación ante el imprevisto chorreo, el de la cara blanca, que la tiene blanca por que se la ha pintado no porque haya palidecido ante mi enfermedad, se acerca me toma de la mano y me lleva al exterior a un carromato donde me da una bebida caliente entre más humos, un té. Doy un trago, no es que me apetezca ingerir nada pero el pálido payaso de sonrisa ortopédica y sombrero cucurucho torcido insiste en que me sentará bien. Como parecía el más listo de la troupe le hago caso; bebo y vomito al alimón el té con limón, cuatro veces van ya si no me equivoco, que en estas circunstancias todo pudiera ser.
De regreso a mi localidad me siento y miro hacia arriba, la famosa trapecista Pinito del Oro (a quien yo, por ignorancia juvenil, siempre llamé Pinito de Loro), oscila sobre nuestras cabezas cuando vomito sin red por quinta vez. No hay quinto malo, mi tía decide no alargar más mi tortura y a la quinta vomitona me lleva a casa. Mamá me acuesta, yo estoy y no estoy, la cama da vueltas, es una cama barco, me recuerda a la plaza, hasta mi habitación llega el pestilente hedor del nauseabundo humo del final del kilométrico puro de mi tío. Siento nauseas de nuevo, sudor frío, una arcada, salgo de la cama y corro en dirección al baño, la casa es pequeña y a pesar de su proximidad no llego a mi destino, vomito en el pasillo, qué bonitas son las fiestas, sobre todo para mamá, de cocinar a diestro y siniestro ha pasado a tener que recoger la comida mal digerida esparramada entresuelo y paredes.
Desde aquel nefasto día, los toros ni me van ni me vienen pero no soporto bajo ningún concepto al payaso listo de la cara blanca; el té me provoca nauseas; los trapecistas me marean; odio al tabaco con toda mi alma, jamás en mi vida he fumado y jamás fumaré.
Y eso es algo que le tengo que agradecer a mi tío, él no lo supo pero gracias a él mi único vicio confesable son el café y la literatura.
Y ya me despido, y me despido definitivamente con un artículo lleno de vomitones. Me voy de esta publicación por iniciativa propia, nadie me echa, tampoco yo me voy por ningún motivo especial, lo dejo solo por te-difunción, porque no me divierte escribir, la literatura es mi amargura, su sabor dulzón me amarga y me recuerda al sabor del té justo antes de vomitarlo, la escritura es como el humo del puro, me aturde. Me voy porque todo pasa y todo llega. Agradezco a la revista Vivir Valdemoro que me diera la oportunidad de aparecer en sus páginas todos los meses durante cinco años. Si alguien me echa de menos y quiere encontrarme, que me busque en mis libros. No me busquen en los toros, ni en el circo ni tampoco en un estanco, en todo caso en una librería o en alguna biblioteca.
Gracias a todos, fue bonito mientras duró y divertido mientras me divirtió y… para terminar como empecé para demostrar lo poco que he evolucionado en estos años, os diré que lo que yo aquí siempre conté fue mi opinión, que no es la correcta ni la incorrecta, es tan solo la mía y con ella no he pretendido nunca ofender a nadie sino al contrario, hacer pasar un rato ameno a todos… aunque puede ser también que yo esté equivocado.
Besabrazos (besos a ellas y abrazos a ellos).
Ángel.

Anuncios

2 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s