Vamos a hacer una prueba (mis besos son ruinas)

Vamos a hacer una prueba.
Imaginemos que soy capaz de escribir algo inteligente, imaginemos que sois capaces de leerlo sin sentir ningún tipo de influencia subjetiva, imaginemos que os gusta tanto que quedáis enamorados de mi escritura y prendados de mi ingenio.
Y ahora, una vez puestos, vamos a soñar.
Soy un experto en sueños, lo escribí, como muchos de vosotros sabéis, en uno de mis relatazos favorito. Siempre fui un gran soñador que se creìa sus sueños, un creador de mundos deseados pero intangibles. Lo peor de ser escritor es que puedes acabar creyéndote tus propias mentiras, lo malo de las mentiras es que a base de repetidas pueden convertirse en recuerdos.
Bueno, pues aquí estamos porque hemos venido y porque todavía no nos hemos ido. Es incierto que viníeramos, es falso que seguimos y no sé si será verdad que aun no nos hemos marchado. ¿Marchado o marchitado, manchado o mandado…? No empecemos que me conozco.
Vosotros que me leeis, con deleite segùn decís, no tenéis ni idea de quién soy yo, de por qué escribo, de qué quiero decir con lo que digo, de como voy vestido o de si voy vestido o no cuando escribo. A lo mejor no soy yo quien escribe lo que escribo, a lo mejor no eres tú la persona que imagino cuando describo. A menudo no sé muy bien quién soy yo, como para saber con certeza quién es el personaje del cual escribo.
De tantas dudas dudo, que la única certeza es que escribo, que aunque no llevo ropa me desnudo en cada frase, que en cada palabra hay una gota de mi sangre y en mi sangre hay historias para hacer transfusiones a borbotones.
Y todo esto es un simple sueño y yo estoy a punto de despertar.
El despertador sonará a las 14.25 y no te despertará porque no te habrás dormido, y tu lado siniestro estará caliente y yo, ya sin sueño y sin dueño, cerraré la persiana porque ya no es por la mañana y no por pronto despertar amanece más temprano. Y me da igual porque ya no tengo prisa. Despertaré de mi insomnio y devolveré lo soñado tratando de recuperar el dinero invertido, y me iré, con la bolsa y el abrigo, como si no hubieran transcurrido 25 años, cuatro pisos, mil batallas, siete hijos soñados y un ejército de errores.
Despertaré, no volverè a dormir, ni a soñar, ni a construir castillos, ni a perseguir salamandras. Que jodida es la vida, nos hace perder o renegar o regañar de nuestras raices sin saberlo. Somos traidores e ignorantes, derrelictos e incoscientes. Y no sé por què hablo en plural cuando hablo de mì mismo.
Yo busqué fardachos, se tornaron salamandras y de regreso al sur se soñaron serpientes sin dejar de ser lo que en origen fueron, simples lagartos comunes tumbados al sol que màs calienta.
Ya no te canso más, ya he perdido otra batalla. Me rindo, yo pierdo y tú no ganas, hoy y siempre me quedo con las ganas, aunque nadie me podrà reprochar que no haya luchado. Corre, vístete que no llegas y llega pronto o te escribo y ya sabes que si me lío a escribir todo vuelve al principio. Hacemos una prueba e imaginamos que derramo en este papel algo inteligente…
No, ya no; se cierra la ventana al invierno, se baja la persiana del ensayo y se abre el telón de la amargura y de los aplausos del fracaso.
Tranquila cosita, para mi rabia pomada y pal corazón tiritas.
¡Qué no ha sido nada!

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