Y no amanece

El sol de medianoche, entró por la ventana y con la luz de un coche, se iluminó tu cara. La lluvia que mojaba, tus calles tan lloradas quisiera que limpiaran tambien tu alma.

Y no amanece…, o sí…

Y si amanece por fin y el sol incendia el capó de los coches.

¡Qué absurdo! Amanece porque me acuesto y me acuesto cuando amanece. Tú te vas y yo vengo, the bed is big without you.

Y pronto me levanto, no descansar hasta que me muera es mi destino; me reclaman las ondas con sus cantos de sirena, me desnudo del sueño como puedo y me visto ilusión, me pinto la cara de hipocresía y…

Salgo a la calle con la sonrisa de Judas puesta… y ¡hay que joderse con mi eterna mala suerte!, va el rey y abdica sin pedir permiso a Saturna. Se pone en marcha el sexto de los Felipes, sin guerra, sin muertos, por el Rey y por la Patria; se detiene el ascensor en el sótano tres de mis ondas, todo el diseño se ha caído, el edificio se derrumba antes de ser vendido, el arquitecto se suicida envenenándose de desesperación y muere junto al último punk allá en Putney Bridge. Aprovecho que estoy vivo de casualidad y organizo el día yendo de aquí para allá para nada hacer y mucho pelear. Recupero miradas limpias, y vierto miradas turbias, avanzó despacio por el mar de los versos de Vallejo…, inolvidable. Mar adentro, versos mar adentro,… náufrago sin isla; en la playa la espuma es de cerveza y me la trago sin respirar, en la arena han plantado limoneros aunque dudo que lleguen a brotar, el azul se funde en rojo, corazones de corales, dos corales en la cuerda floja, un corazón tendido al sol… y, mira tú qué bobería, hoy hubiera preferido lluvia ya que no me quedan coches que incendiar. 365 deseos insaciables y un principio que asciende cuando la despedida lo enciende.

Adiós príncipe, cuídate y reina con tu reina como quieras y gobierna como debas. Las manos en el brazo, el pelo es el lazo que ata a la piel, los labios sueñan labios cerca de los labios y no hay más, no va más, la petanca se disfraza de ajedrez, la ficha azul se viste de rojo y tira porque le toca regresar a casa al ser comida por el enemigo del parchís. Alma se pone las gafas de no ser vista para contar veinte y Chagall llena de cartas de amor el parque que pintó en Varsovia y el final no termina ni es feliz. Siempre lo he dicho, la vida es una novela que termina mal.

Las bragas de la princesa están tristes, el rojo y el azul, tanto montan, montan tanto, inventan el añil al contraer matrimonio. El rey tiende la corbata y plancha calcetines mal zurcidos, mañana lavará banderas rotas. Nuestras voces se pondrán moradas y se desgañitarán pidiendo república. Pero ¿qué república?, ¿la de Platon acaso?, ¿una bananera cualquiera?, ¿la república independiente de mis letras…?

A ver si a la tercera, todos unidos, va la vencida y no somos vencidos.
Abdica la primavera, abandona Paris y se va al Corte Inglés que pagan mejor las horas extras y yo, pobre imbécil a un sueño aferrado, sueño con ser poeta (seré idiota) y viajar a Nueva York y dejar crecer mis cabellos asesinado por el cielo.

Soñar es libre y es gratis…

Y no amanece…

Por eso mismo sueño.

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