Poesía eres tú, ¿por qué coño me lo preguntas?

Eres nefando, como un pecado de sodomía. Eres más que patético, eres peripatético. Eres raro hasta para reprocharte inmundicias, un lerdo de salón, ¿por qué te hablas así, por qué te reprochas a mí? ¿Por qué no hablas en primera persona de sinceridad presente en lugar de subjuntivar pretéritos ausentes sin futuro ni porvenir?

¡Dilo!, ten lo que hay que tener para decir lo que hay que decir. Repite conmigo. ¡Di soy nefando!, ¡di soy peripatético!, reconócete imperfecto de indicativo, declárate transitivo y deja de auto reprocharte en mí, déjame en paz que ya bastante tengo con lo mío y con lo suyo.

Sí, lo soy, el idiota del espejo que se avergüenza de su mirada soy yo y soy poeta nefando, escribidor peripatético y frustrado, asalta vidas ajenas a tiempo parcial, marcial e imparcial.

¿Qué es poesía? Pues qué va a ser, cualquier texto en líneas cortas denominadas versos que no hayas escrito tú… ni yo, ¿quién es más tonto de los dos? Yo y tú, tú y yo, como dos enamorados de la mediocridad que somos uno en realidad.

Iterativo reproche sordo que no mudo, recíproco vertido escatológico frente al azogue… tú y yo nos puteamos… ¿o era nos tuteamos? Da lo mismo que lo mismo da, si solo somos uno…, uno, indigno, ridículo, grande y libre… libre de todo pecado nefando, huno de los de la tila y, grande, eso sí, grande de cantidad no de majestuosidad.

Y tú me preguntas y te preguntas por la poesía, me lo preguntas porque nada sabes hacer por tu cuenta. Factitivo fracasado que hasta para fracasar precisas de alguien que te ayude. Incoativo que todo lo empiezas y nada terminas de terminar. Irregular por no decir deficiente. Pasivo por no mentar inútil. Semideponente. Terciopersonal. Abraza farolas o abraza árboles, según te pille en el campo o en la ciudad…

No te puedes permitir el lujo de soñar, no tienes derecho a dormir, no declines versos ni verbos, declina invitaciones a poetizar, declina tu cabeza y tus hombros y todo tu cuerpo al paso de un verdadero poetizador.

Deja de despotricar frente al espejo, los vecinos aporrean de improperios tu ego malparido, vete a dormir la mona, no es suficiente una dosis elevada de alcohol para escribir sentimientos, acuéstate, reclina tu cabeza hueca en la seda que robará tus pensamientos impuros, dormita, vomita, calla o grita… quita la sábana de felpa y no consultes con ella, llora en tu almohada, en mi almohada maldita, llora que esas lágrimas serán la única poesía que tu cuerpo emita.

Saca del espejo tu cara invertida, divertida… inunda de lagrimones la almohadilla o el asterisco y pulsa huno de Atila si quieres hablar con la operadora, dos si quieres operar con la habladora o tres si quieres oír de nuevo las instrucciones; no se te ocurra cruzar el intersticio breve que nos separa…, ¡nunca!… ¡Jamás!… ¿Lo entiendes?… Pues eso, a buen entendedor con poca lírica le basta.

¡Qué qué es poesía me pregunta! ¿Para qué coño pregunta si conoce la respuesta? Tú, o yo, ¿quién es el más tonto de los dos y a quién demonios le importa?

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