Cristo abrazado a la cruz

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La fotografía es junto al cuadro Cristo abrazado a la cruz, pintado por El Greco, que se encuentra en el Museo Thyssen, Madrid.

En esta ocasión mi relato trata de una historia que nació en base a un cuadro de El Greco, un cuadro del cual existen, al menos ocho copias, todas ellas originales realizadas por el autor, de esos cuadros uno, se encuentra en El Bonillo, pueblo en el cual se desarrolló el concurso al cual estaba destinado este relato.

La primera frase: “No me creo que me llames desde El Bonillo”, era obligatoria.

Tras escribir este relato empecé a pensar en por qué un pintor como El Greco había pintado ocho veces el mismo cuadro.
Decidí escribir una novela al respecto, pero no creo que llegue nunca a hacerlo, por eso hoy he rescatado el relato y lo pongo en este sitio a disposición de mis lectores y amigos.

Cristo abrazado a la cruz

– No me creo que me llames desde El Bonillo, no puedes estar tan loca.
– Desde la misma iglesia de Santa Catalina, acabo de presenciar como nuestro ladrón misterioso robaba el lienzo del Greco del Museo Parroquial, lo he grabado.
– Sal de ahí de inmediato, no te pongas en peligro.

Ojala hubiera podido obedecer la orden de mi jefe, pero cuando la recibí ya estaba en serios apuros, en grave peligro.

Hacía meses que a la redacción del periódico había llegado un soplo.
Había un ladrón en serie, un delincuente perseguido por la policía de varios paises, un misterioso personaje que se dedicaba a robar obras de arte de un modo casi sobrenatural. Era imposible que alguien humano hiciera lo que él hacía. El extraño delincuente, a quien la prensa ya apodábamos “El Fantasma”, salía impune de todas sus fechorías cometidas en los lugares más inverosímiles. Tenía atracción por los lienzos del El Greco, principalmente de los titulados “Cristo abrazado a la cruz”.
Primero fue hurtado el cuadro del Museo Parroquial de Olot, una semana más tarde el de la colección Navas, después el del Museo del Prado, luego el de Barcelona, poco tiempo después el del Museo Thyssen y de inmediato, el perteneciente a la colección Mengs e incluso el del Museo Metropolitano de Nueva York.
Robados siete de los ocho Cristos abrazando la cruz, siete de ocho, sólo quedaba uno, era fácil adivinar dónde sería el próximo golpe.
Y ese fue el soplo.
El Fantasma robará el cuadro de El Bonillo esta primavera.
Alarmas, cámaras, guardias de seguridad, nada ni nadie divino ni humano podía detener al taimado ladrón.
Era un profesional, de eso no había duda, no era detectado por las cámaras, era inaudito pero las sorteaba y no había imágenes suyas. No dejaba huellas, no facilitaba pistas…, nada, no dejaba nada, no existía, no existía y no obstante robaba y los lienzos pintados por El Greco, uno tras otro, desaparecían. La policía no tenía nada excepto siete amplios vacíos en diferentes museos, sólo quedaba un cuadro, el que se guardaba celosamente en el Museo Parroquial de la Iglesia de Santa Catalina en El Bonillo, yo sabía de la existencia del cuadro y por lo tanto sabía que tarde o temprano el ladrón aparecería.
Y apareció, yo le sorprendí, lo vi todo, grabé con la cámara del móvil su espectral figura blanca envuelta en un halo de luz resplandeciente. Y entonces fue él quien me sorprendió a mí, esa osadía no podía quedar impune, el ladrón, humano o inhumano, no iba a permitir que yo publicara su imagen.
Recuerdo un contacto frío y una fuerza violenta y suave a la par antes de desvanecerme, más por el miedo que por el golpe.
Y al despertar…
Estaba tumbada en el suelo, derribada por un empujón de alguien silencioso y evanescente como una sombra en una tormenta. Alguien pálido como un cadáver me miraba y su mirada, sus ojos azules y fríos me hacían sentir desnuda y esa sensación no era el mayor de mis problemas, no supe qué me había hecho El Fantasma durante mi desvanecimiento pero supe que lo que se cernía sobre mí era peor.
El ladrón no soltaba su botín, abrazaba un lienzo del Greco con la siniestra mientras con la diestra sujetaba un cuchillo con el que se disponía a atacarme, a cercenar mi vida.
El filo de plata buscó veloz mi cuerpo, creo que grité, no estoy segura, y lo sorprendente del suceso es que cuando el tacto frío del arma rozaba mi piel administrándome la muerte…
Desperté.
Estaba sentada en un escalón del rollo de San Cristóbal, allí desnuda, he despertado. Mi ropa y mi teléfono móvil están un peldaño más abajo, las imágenes de la cámara están borradas. Del aparato sale la voz de mi jefe que me dice:
– No puedes estar tan loca, no me creo que llames desde El Bonillo.

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2 comments

  1. Buenas noches

    Quiero seguir informándome acerca de las 8 réplicas de la pintura de Cristo abrazando la cruz del greco y los extravíos a esta misma, hacen aproximadamente 60 años existe una pintura con las mismas características en mi familia y aparece debajo de la pintura, una fecha y el museo.

    Gracias

    1. No tengo información sobre estos ocho lienzos, solo curiosidad, no entiendo por qué El Greco pinto este tema ocho veces. Y entiendo que usted tiene un cuadro similar, que supongo será una réplica de alguno de los que se hallan en algún museo.

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