Bautizar a una golondrina

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Bautizar a una golondrina.
Echar agua sobre tu cabello nuevo recién cortado, tal vez oír tu llanto al purificar tu alma, tu alma pura que es imposible que albergue mácula y por tanto innecesario limpiar.
Pensaba hoy en muchas cosas, no, no temas, no te las voy a contar todas. Pensaba en la libertad, en la felicidad, en el destino, en tu destino.
Te dije un día cuando nadie nos podía oír que nunca caminarás en soledad, y así será, te lo prometí, te lo prometo. Y de repente apareció la lluvia, una lluvia suave y lenta como la de un relato, “La otra noche oí llover”, por ejemplo.
Y le he contado a la lluvia mis penas y le he formulado mis deseos y le he contado mis leyendas. Le he pedido que el anciano que vive en la luna y que sale cada noche buscando a las almas que están predestinadas a unirse en la tierra para siempre, ate tu hilo rojo al de alguien que sea merecedor de tan alto honor.
Porque yo creo en el destino, ¿sabes pequeña golondrina? Tu destino, como dice la canción que tanto he oído a tu bisabuela, era venir volando contra viento y adversidad por encima de las aguas del mar, sobrevolando tormentas, venciendo tempestades, y traer noticias de seres queridos. Y ahora tu destino debe ser… ser.
Y para que seas y siempre, siempre seas, yo que soy contador de cuentos, te voy a contar una leyenda:
Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en su reino vivía una bruja buena o un hada traviesa que podía ver el hilo rojo del destino que para otros seres era invisible. Ordenó que trajeran a aquella mujer a su presencia y le ordenó buscar a la persona que estaba al otro lado de su hilo rojo, la persona que estaba destinada amarle ser amada por él. La bruja, o el hada, obedeció, comenzó a seguir el hilo. Tuvo que caminar largo recorrido, el hilo rojo del emperador era muy largo, casi interminable, pero al final encontró el final. En un mercado, una pobre campesina con un bebé en brazos traba de vender sus productos. El hada, o la bruja, llevó a la campesina junto al emperador y le dijo:
– Aquí termina su hilo, señor.
Al escuchar esto, y ver a una pobre y simple campesina, el emperador enfureció creyendo que era una burla del hada o una ofensa de la bruja, que era una farsante y que la campesina era una impostora. Empujó con rabia para apartar de él a la campesina que aun llevaba a su bebé en los brazos. Cayó al suelo, el bebé se hizo una gran herida en la frente, no era grave pero sí aparatosa, el emperador ordenó atender al bebé y a sus guardias mandó que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza. Y así lo hicieron.
Muchos años después, llegó el momento en que el emperador por motivos de Estado, debía casarse con la hija de un general muy poderoso, una joven a quien ni siquiera una vez había visto. Llegó el día de la boda y al ver por primera vez la cara de su futura esposa quedó emocionado por su belleza, aquel hermoso rostro solo tenía una mácula que ningún bautismo pudo borrar, una cicatriz enorme y peculiar en la frente. Una cicatriz que él mismo había provocado al empujar a su madre para apartar de sí a su destino.
El destino había pasado frente a él y no había sido capaz de verlo ofuscado como estaba por su ira, su hilo rojo lo unía al bebé, no a la campesina, pero él no pudo verlo. El destino está escrito, el amor si te está destinado te persigue y te encuentra por difícil que sea y por mucho título de emperador que se ostente, no se puede escapar de la persona que está predestinada y que nació para amarnos.
Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper. Solo hay que ser paciente y tener fortaleza en la larga espera hasta que el hilo una a las personas.
Yo voy a hacerlo al revés, buscaré a la persona o personas perfectas y seguiré sus hilos rojos para ver si llevan directamente a las alas, pequeñas, bellas y libres de alguna golondrina. Buscaré la felicidad y le pondré un hilo que llevaré hasta ti.
No temas, ese frío repentino que hoy sientes es solo agua, agua que limpia lo que ya está limpio y que en un momento se seca. Ni esa ni ninguna otra forma líquida de este mundo podrá mojar las plumas de tus alas y siempre serás capaz de alzar el vuelo. Volar y esperar, esperar a que tu destino se cumpla y volar siguiendo los designios del viento y volar feliz mientras esperas tu destino.
Le he pedido a la lluvia que no moje tus alas, que te cuide y le he trasladado mis deseos:
Me gustaría que fueras alta y muy guapa, elegante pero no extravagante, simpática y agradable, dulce, muy dulce pero con carácter, sensible pero fuerte, orgullosa de ti misma y de tu familia, cariñosa y buena aunque sin llegar a tonta. Que tu voz sea una delicia, tus ojos lancen destellos de alegría y tu sonrisa sea el manjar que todo lo cura, me gustaría que en un futuro fueras amable, sencilla, sincera. Que ames y que seas amada, que quieras y seas querida, que tu piel siga siendo suave como ahora, tus abrazos sean el paraíso y tus besos sean el cielo. Quisiera que fueras un cielo, un amor, un sol, un diamante, algunas veces bruja, pero buena, algunas veces hada, pero traviesa. Que estés especialmente dotada para la música y para la literatura, que seas culta e inteligente, que seas una gran conversadora por naturaleza pero no una charlatana por herencia, que tu presencia sea un regalo, que seas libre, que seas fiel a ti misma y sobre todo me gustaría que fueras siempre muy feliz, que en tu vida sea siempre tiempo de cerezas
Y en la espera, si fuera larga, no desesperes, porque como ya te dije nunca caminarás, o volarás, que para eso eres golondrina, nunca volarás en soledad.

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2 comments

  1. Muy sensible Ángel. La ternura con la que hablas de la pequeña es brillante y muy bonita la idea de ese lazo rojo que une los destinos. ¿Existe el destino?. No lo sé, pero desde luego tu idea es realmente poética. Un saludo y mis mejores deseos para tu familia. Gerardo

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