La luna sobre Montjuic

Hace tiempo que no veía el mar, te abrazaba, pero creo que era un sueño, quizá un espejismo del recién iniciado verano. Hace tiempo que no construía castillos de esos de naipes inciertos, en el aire, fortalezas inexpugnables que la más ínfima brisa marina es capaz de derribar.
– No me gusta la canción- dijiste y yo cada vez más embelsado por su letra-. No me gusta el sol, no me gusta el mar, no me gustan tus castillos…- y yo cada vez más embelesado en tu aroma.
En realidad no sé si lo dijiste o era acaso el sueño que continuaba, lo que es cierto es que yo oía el mar. Hacía tiempo que no escuchaba el mar.
Y pienso ahora que, si era de noche, ¿por qué nos daba el sol y por qué en la arena se proyectaba tu sombra? Tu sombra sí, pero no la mía. Y me pregunto que si buscábamos el abrigo y la complicidad de la oscuridad ¿por qué no fuimos de noche?
No recuerdo haber visto amanecer, aunque sí recuerdo al sol castigando mi piel a cada palabra, palabras mal dichas o acaso mal interpretadas que no llegaban a su destino… que era el mar. Tú te hartaste de buenas intenciones y yo de conseguirte una colección inacabable de decepciones y el batir incesante de las olas tomó un respiro para advertirnos de que aquella noche no habría luna. Ni llena, ni menguante, ni azul, ni roja, simplemente no habría.
No acostumbro a regresar allí donde no me quieren, ni al reino de donde me han expulsado, aunque no reine ya el mismo gobernante. He caído aquí, en este mar, atraído solamente por el canto de sus sirenas. La arena ya no es la misma, y ahora no hay sol sino estrellas, mas las olas traidoras te recuerdan y me preguntan por ti. Y es esa voz y no la del canto de las sirenas la que me recuerda que no te recuerdo, la que me recuerda que no volvi a verte, aunque sí a soñarte, pero no es lo mismo ni parecido que va que va.
Los días que resto de mi vida y sumo sin ti, son apenas soledad y pena y el silencio me huele a ti.Y recuerdo que algo me contaste de no quererme más, de no querer quereme más, de esquivar a solas las olas, de noches de verano a pleno sol, de relatos susurrados en la oscuridad. Sin dejar de escuchar tu voz melodiosa saco los pies del agua, una metáfora es un buen escondite y yo me he especializado en narrarte frácasos con la fuerza de su hipérbole en las palabras que me faltan si me faltas. Danzas desnuda sobre arena blanca, sobre lluvia fina y tu ausencia es mi fracaso y mi premio es la locura.
Me tortura pensar que no volveré a contemplar las estrellas con tus ojos que van a llorar, me tortura pensar que ni el sol ni la luna volveré a rozar con tus manos; serás mi eclipse total… lunar… y en mi piel tu ausencia provocará solares y acarrea sed en el caldero de mi alma.
Saco los pies del agua que no aplaca mi sed y doy la espalda al mar. Camino despacio, arena en los tobillos, barro salado en las manos, sol y luna en la piel. Me alejo de tu ausencia, te dejo en la soledad de la sal y no miro atrás.
Cojo un taxí que no sé qué coño pinta en mitad de un desierto, qué desastres provoca un reescoldo de nostalgia. Te fuiste sin llamar, te quedaste sin hablar, sin hurgar en la leña de mi árbol abatido, sin proyectar mi sombra en la arena, sin llenar de sombras y de asombros mis proyectos.
El taxi ya atraviesa las dunas del desierto y me aleja de tu playa y suena “La luna de Montjuic” en mi movil. En la pantalla se ilumina tu nombre que aún recuerdo mientras se oscurece en mi vida.
– Joder, Bea, te dije que no me llamaras.
Nunca me gustaron las sorpresas, ni tampoco las despedidas. No respondo a la llamada y “La luna sobre Montjuic” sigue sonando hasta el final, hasta dar definitivamente la espalda al mar.
Se corta la llamada y de inmediato llega un mensaje a mi obsoleta bandeja de entrada.
– Te quiero.
– ¿Se encuentra bien?- pregunta el taxista al ver el torrente amargo de mis lágrimas.
– Sí, gracias, no se preocupe.
– ¿Ha recibido malas noticias en ese mensaje?
– No, al contrario, son buenas noticias, es solo que llegan demasiado tarde.

Nota del autor: Si alguien siente curiosidad por saber quién es Bea, y quién el personaje que cuenta la historia que lea mi último libro, El castillo del Águila.

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2 comments

  1. ¿Qué puedo decirte, Ángel?. No sé si es que hoy estoy muy sensible, si es un mes de notables ausencias o si La Luna sobre Montjuic es de una belleza abrumadora… supongo que son las tres cosas. La realidad es que te agradezco tu profunda sensibilidad como eres capaz de trazar sentimientos y emociones tan intensos y vívidos. Me ha encantado y lo he leído tres veces. Es maravilloso. Gracias…

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