La sirena

sirena

La sirena, lienzo de John W. Waterhouse (1901. Londres, Royal Academy of Arts.

Agonizaba.
La Luna se detuvo quedando inmóvil. Blanca, limpia, lisa…, desnuda. La reina de la noche quedó congelada bajo su propia luz que le era ajena.
Las cenizas atravesaban a ráfagas impertinentes los silentes surcos de plata. Y el río desembocaba en su destino, opaca llanura estremecida.
Entonces se rompió el silencio. Comenzó a percibirse una voz tan cálida que descongeló al frío y lo dotó de movimiento dando vida a la noche y despojándola de su gélido manto. Y se le fue la melancolía en suspiros y estremecimientos. Y entró en calor libando el licor amargo que derramaban sus lágrimas.
Cantaba una voz enamorando a los marineros que navegaban en el polvo del destierro. ¿Será verdad lo que promete la letra de esa bella balada?
Hubo que luchar contra los elementos para saber la respuesta que tanto ambicionaban. Hubo que bogar sin tregua y sin descanso hasta llegar donde el sonido no se dispersaba sino que nacía y el amor brotaba. Se podía sentir, imaginar, soñar, adivinar… al bello ser dueño de la voz que los había atraído.
Y la Luna iluminó a aquel ángel; mitad pez, mitad cielo, mitad infierno. Y el frío se hizo negro cuando cesó la melodía y se disipó el espejismo. La sexta puerta se abrió dejando a la vista su celda. En el catre una manta raída con siete orificios de disparos recientes. Mezquino cobijo para tan valientes héroes. Gélido relente que traspasando los huesos como un demonio se instalaba en el alma.
Lucharon por salir, o para ser sinceros, por no entrar. Rojas las manos, transparente su mirada. Los cánticos del coro los arrastró y una corriente inoportuna cerró la octava cancela sellando el laberinto para siempre. Y salió el Sol ahuyentando a la Luna y rompiendo al frío en mil pedazos que se convirtieron en estrellas. Las voces no cesaron, saltaban los escuálidos muros de su frágil resistencia, y los cubrían con su gastada celosía.
Y así empezó el último fin, con una canción de esperanza que llevó al descalabro al noveno intento de victoria que terminó en derrota.
Preso.
Agonizaba.
Y feliz era en su agonía, se deleitaba en su caída de la belleza de la Luna y en la dulzura de la voz de la sirena que nunca callaba. Y soñaba tumbado en su catre de cristales lacerantes que encontraba el camino hacia su tierra, hacia su hogar, hacia su princesa. Y la sirena cantaba sin tregua ni descanso y el marinero soñaba día y noche sin vida ni reposo.

Anuncios

4 comments

  1. “Y la Luna iluminó a aquel ángel; mitad pez, mitad cielo, mitad infierno..” en este fragmento ya de por si transmites una grandisima belleza, que manera tan sutil y tan mística de describir a la sirena. Me encanta tu relato, que será micro, pero tiene aire de grande. Muy bien transmitido, muy bien llevada la idea, el concepto de que para un hombre la esperanza es el alimento de su espíritu, esa ilusión que le provoca la sirena, la luna consigue reconfortarle… los sueños nos llevan a donde no nos puede llevar la gasolina. Un abrazo y muchas felicidades.

    1. Muchas gracias por tu lectura, por tus palabras y por tu interpretación del texto. Siempre das en el centro de la diana con tus apreciaciones, se percibe que me conoces demasiado bien. Un abrazo grande amigo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s