El malo de tu cuento

 

 
Que me maten si lo entiendo. El portazo me ha dejado sordo, me ha despeinado el aire que la puerta al cerrarse ha generado y ha volado lejos mi peluca de viejo degenerado. Ahora ya sabes que soy calvo, que no tengo un pelo de tonto aunque a ti te lo parezca, ahora ya sabes que soy ogro y que nací cuando el zodíaco albergaba el signo del dragón. Ahora ya sabes que me visto de negro porque soy el malo de tu cuento.

No puedo ver el amanecer, nunca me gustó madrugar y lo sabes. Nunca me acuesto antes de la séptima cerveza, navego bares y falsas historias hasta que me amarga la boca y el alcohol me endulza el recuerdo. Soy yo el que apaga la puerta y cierra la luz, soy el último bufón, el desapercibido, el despistado.

Lleno la maleta con un peligroso combinado: ilusión, miedo y sueños. Vacío la botella con una ansiosa pretensión: la de ahuyentar fantasmas, decepciones e inciertas certezas. Y al día siguiente no me acuerdo de nada, no me acuerdo ni quiero saber si he ganado o si he perdido.

No he sufrido otra derrota porque esta vez ni me he molestado en batirme, me limito a aceptar e interpretar en el teatro de mi vida el papel que me han asignado. Me pongo mi disfraz, una camisa de once o más varas tejida con retales baratos y trastabillando, sudando, acezando, aparezco en el escenario de tu cuarto durante el cuarto capítulo algo más allá del tercer acto. Cabalgando en mis zapatos de payaso voy soltando mi epitafio, declamo mis frases que muy bien aprendido tengo mi papel, pronuncio palabras que no son mías, que no entiendo y que me roban el alma que reclamo.

Señor director córteme la lengua si no quiere que insista en mis errores porque soy experto en responder si no se me pregunta y en preguntar cuando no hay respuesta. Solo callo cuando bebo, solo otorgo mientras trago y ni dormido guardo silencio porque la boca se me equivoca si no tiene alguien a quien besar.

Escapo de las sombras que me sobran, me escondo en las esquinas invisibles en las que se me despelleja vivo y me muero de risa, no tanto por loco, más por idiota, como el perfecto imbécil que siempre fui desde que se levantó el telón y empezó este desastre de función, una comedia tan ligera que hasta la más suave brisa se puede llevar lejos.

Me miro desde fuera y hacia dentro desde una butaca de platea a la que me aferran tus grilletes y no me veo mal, tampoco me disgusto tanto. Me aparco en tu palco y veo como sonríes en la zarza del destino, enzarzada en el desatino de tu sueño mientras abajo, se jode de frío el último grajo y se derrite el papel de mi barco al mismo tiempo que el hielo de aquel inoportuno iceberg.

Que me maten si lo entiendo, que me maten y me entierren junto al acomodador y al apuntador, que me aspen aunque no lo comprenda. Que me maten porque esta obra tiene final feliz y en la felicidad del cuento el malo debe desaparecer, convertirse en rana o morir para no matar.

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3 comments

  1. “Que me maten si lo entiendo. El portazo me ha dejado sordo…” con un principio tan bueno y original has trazado una línea reflexiva en el protagonista que se ha mantenido muy arriba. Me ha encantado el humor con el que hacía las reflexiones, tan contundentes como afiladas “Me miro desde fuera y hacia dentro desde una butaca de platea a la que me aferran tus grilletes y no me veo mal, tampoco me disgusto tanto…”.

    Sencillamente genial, uno de tus mejores microrelatos. Si llevara sombrero me lo quitaría Don Utrillas….

    Un saludo.

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