AZUL, azul, Azuzena

azul ya

Ilustración de Sonia Navas para mi nuevo e inminente libro titulado: “Y otros cuentos”. Este dibujo corresponde al relato titulado, “Azul, azul, Azuzena”.

En ese relato se rinde tributo a Azuzena Martín-Dorado Calvo, la canción que sigue a continuación es de Franky Franky y el ritmo provisional, un grupo con el que colaboró Azuzena, Franky también la admiraba. Sirva este mini relato y el próximo de mi próximo libro como tributo a ella y agradecimiento a él.

http://www.frankyfranky.com/audios/azul.htm

 

AZUL, azul Azuzena

Si aquel día no hubiera entrado en el palacio de marfil nada hubiera sido así, todo hubiera sido diferente. Dice un filósofo, no sé si callejero o barriobajero, que cuando en tu vida encuentras dos caminos debes elegir uno de ellos para transitar y al desechar al otro estás matando un destino. No sé si fue un desatino escoger destino matando el camino de la cueva de carbón y eligiendo entrar en el palacio de marfil.
Me sedujo su color níveo, me encantó su canto de sirena, escogí, elegí, decidí. Palacio y no cueva, marfil y no carbón.
Corté mi pelo eterno y quemé mi guitarra, até a mis instintos con correa larga, subí las montañas que había descendido, pero jamás olvidaré el intenso azul.
Ni el cielo ni el mar eran tan zarcos como sus ojos, como su vestido, como su cabello, como su risa, como su infinito. Jamás olvidaré el azul intenso de su falda cuando sonriendo se acercaba, caminando segura como si danzara.
Tiñó su chupa de cuero negro con azulete, pintó sus labios de añil, se hizo mar por sus olas además de su color… de su calor.
Y yo me hice gris, término medio sin laterales ni extremos, me hice marfil duro, muy bonito pero aburrido. Y ahora me asomo a la ventana de mi torre de cristal, cristal sobre cristal, estrello el vaho de mi aliento contra una ventana que es imposible abrir para que no escape el calor que irradia el radiador. A través del cristal no veo coches, ni calles, ni edificios plomizos como yo. No veo lo que hay, ni lo que está, la veo a ella, la veo venir hacia mí, caminando despacio, moviendo con sus caderas el agua del océano y convirtiendo a su paso todo, cielo, horizonte y mar, en azul intenso.
Recuerdo que la conocí, recuerdo que me escuchó, recuerdo que la comprendí. Me comió y me bebió como si fuera Ginger Lynn y me marché dejándola en la cueva de carbón, sola, mientras yo huía hacia el palacio de marfil.
Brindo por ella, me embriago por su piel y, por más que lo intento y bebo no puedo olvidar el sabor de aquel intenso azul ni tampoco el color, ni el calor de su piel.

 

 

 

 

 

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2 comments

  1. Especialmente me gusta la reflexión de algo que dice el microrelato, eso de que en cada decisión, cuando se eligen los destinos, el camino no elegido es un destino que muere. Es curioso, yo pienso algo igual, a veces me gusta pararme a pensar en el hipotético “y si…”. Si hubiera dicho, si hubiera hecho… seguro que el camino hubiera sido diferente, quien sabe….

    Un saludo.

    1. Contiuamente tomamos decisiones, y continuamente cambios nuestro destino y no solo el nuestro, también nuestras decisiones afectan a las personas que nos rodean que es donde quiere ir a parar el relato. Lo que hace el protagonista le afecta a él y a la dama azul. Y lo bueno del texto es que él jamás podrá olvidar el intenso azul, aunque quisiera no podría.
      Un abrazo, amigo.

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