El visitante

El visitante II

 

Con esta fotografía de mi admirado Ángel J. Torres, y su comentario del 25 de mayo del 2012, siempre he querido escribir algo breve. Como esto.

 

El visitante

 

En el ángulo opuesto del olvido, después del último atisbo y de percibir lo sucio que estaba el suelo, después de comprender que la visita que me habían prometido no vendría, decidí escapar de mi cárcel y salir a las calles.

Una densa cortina gris tupía la ciudad, gris plúmbeo, gris marengo, gris cobalto…, gris, el color de los días, el color del frío y de la vida.

Mis pasos me guiaron en dirección al cementerio. Yo no escogí el camino, fue el camino quien decidió mi rumbo y mi destino.

Y al pasar junto al viejo caserón abandonado, me sorprendió la presencia de un hombre donde nunca había hombres ni presencias, de pie junto a la puerta que nunca se abría y que jamás se cerraba porque permanentemente cerrada permanecía.

Su silueta oscura captó mi atención de inmediato. Aprovechando que no me veía estuve observando un rato al desconocido y luego, sin llegar a saber si entraba o si salía, si llegaba o si partía, si abría o si cerraba, guiñé un ojo y le apunté con mi cámara y me dispuse a disparar.

Hice la foto y al bajar el objetivo, el hombre, o el espejismo, o el fantasma, o la ilusión, o lo que fuera, ya no estaba, había desaparecido. Desaparecido si alguna vez había estado.

Consulté con mi cámara. Si había habido hombre en la foto que hice se reflejaría. Y sí, allí estaba, difuso, confuso y gris dentro de una foto en blanco y negro.

Me dio la sensación de que aquel incidente era una profecía. Algo muy importante se avecinaba en la vieja mansión, o en la calle, o en ese color gris eterno de la vida. Me dio la sensación de que había hallado en el caserón cercano al cementerio mi moneda de tres caras.

Y aquí estoy, observando la fotografía, esperando a la visita que me prometieron y que no termina de llegar, viendo lo sucio que está el suelo, en el ángulo opuesto del olvido…, que es el recuerdo.

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4 comments

  1. El recuerdo es algo tan profundo y tan intenso como lacerante e imborrable. No hay manera aunque uno quisiera de olvidar ciertas cosas, aún podemos percibir esas sensaciones, un recuerdo de calidez, un recuerdo que deja un poso de tristeza en la garganta, un recuerdo que nos hace sonreir. Las personas somos recuerdos y eso nadie puede arrebatarlo de nuestras vidas. Es algo que está en nuestra piel y en el momento debido hace clic y sale de su letargo. Un saludo. Gerardo

    1. Si, amigo Gerardo, pero a veces, como en esta ocasión, el recuerdo nos juega una mala pasada, se nos convierte en espejismo y creemos ver e incluso retratar, a seres queridos que en realidad no están ahí, no pueden estar ahí, porque hace ya muchos años que no están y que nos faltan. Gracias por tu fidelidad a mi blog. Un fuerte abrazo.

      1. ¿No están? ¿No será que estamos tan ciegos que no sabemos verlos? Sí están, siempre están, su presencia nos deja pero su energía siempre permanece y nos guía, nos inspira, nos protege, nos consuela,….
        Sencillamente genial, señor Utrillas, como siempre.

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