Le voy a cobrar a tus labios tus miradas

Le voy a cobrar a tus labios tus miradas

 

El traje de novia llegó en una caja grande muy bien adornada y perfectamente cerrada. Al abrirla y sacar la prenda una delicada fragancia de rosas se esparció por la habitación. Desde entonces odia las rosas, es la única flor cuyo aroma no soporta.

Y salió corriendo huyendo de su destino establecido dispuesta a fabricarse uno nuevo, distinto, libre y feliz.

—–

Se habían besado y la había acariciado y se habían enamorado. Ella le parecía irresistible, un regalo del cielo. Pero casarse, pertenecerse, obligarse, tener que dar explicaciones…, vio los anillos enlazados acomodados en una caja de terciopelo y empezó a sudar, a temblar, a marearse. Ya no tenía ganas de besarla más, sus ojos azules eran zafiros de anillo; sus labios rojos, rubíes de anillo; sus cabellos rubios, oro de anillo; ella era un anillo enorme como un grillete y él era incapaz de besarla más porque de repente le pareció fría como un anillo.

Salió corriendo de la joyería, desde entonces odia los anillos, los zafiros, los rubíes, el oro y los grilletes.

—–

Se fueron, huyeron, se fueron a buscar arena y libertad, a cambiarlas por rosas y compromisos. Y coincidieron sus vidas y sus huídas en el mismo jardín de las delicias.
Recuerdan como se conocieron cuando recuerdan.

Se encontraron en plena huída. Él la miraba, ella lo miraba, él la admiraba, ella lo miraba. Ella no llevaba anillos y le miraba. Él no olía a rosas y mientras se dejaba mirar se enamoró de inmediato, violentamente, con arrebato y ella lo miraba, no dejaba de mirarle.

Deseó besar de nuevo, fue más necesidad que deseo, se acercó y le dijo:
  —Le voy a cobrar a tus labios tus miradas.

De eso hace ya unos lustros. No viven juntos pero se visitan muy a menudo. Ella vende sus libros y él sus esculturas. Venden en los mercados y por las calles, además de su arte, todo aquello que la tierra les regala. Son más pobres que ricos pero si el invierno viene frío duermen juntos muy abrazados y sin moverse y se dan mimos y abrigo y calor y alimento y aliento y compañía y amor y cariño.

Él jamás usa perfume, nunca huele a rosas, ella nunca lleva anillos y jamás quiso ponerle grilletes a nada ni a nadie.

A veces consiguen estar un par de semanas sin verse, cada mochuelo en su olivo, hasta que surge el recuerdo y recuerdan que es hora de recordar juntos sus recuerdos.

Y son felices, pero sobre todo son libres. Se visten con la sonrisa de la persona amada; con palabras dulces se borran las penas y…, desnudos contemplan la luna llena que empieza a menguar mientras su amor crece sin límite como luna nueva.

Sacian su sed en el pozo imperecedero de su dicha; no falta calor en su piel porque arden sin cesar las llamas de su hoguera y siguen buscando arena, en cada playa, en cada ola, en cada gota de lluvia, en cada mirada.

Nunca les falta de nada, tienen arena en sus bolsillos, amor en sus miradas, se tienen el uno al otro, siempre están, nunca se faltan…

Y poseen un rincón propio sin hipotecas ni embargos en el jardín de las delicias.

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4 comments

  1. Al igual que la tonalidad de colores es infinita, el amor es imposible de etiquetar, se puede sentir de manera muy diferente y el sentimiento que realmente importa es lo que la otra persona siente por ti, no las formas o el diario a escribir… siempre dejas textos con los que reflexionar Ángel, y precisamente eso es una de las cosas que más valoro de ti.

    1. En este caso describo una situación idílica, más que el amor es la libertad que muchas veces resultan incompatibles. Hay gente que vive feliz con lo puesto, feliz y libre. Me gusta inducir a mis lectores a pensar y sobre todo a soñar.

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