Te recordaré con alegría

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Hola mamá.

¿Cómo estás? No, no me respondas, ya lo sé. Yo también.

¿Sabes un secreto? Iba a escribir un relato triste, unas frases que contarán cómo sucedió y cómo me sentía y te sentía hace ahora un año. Qué tonto soy, no tengo remedio. Alguien me abrió los ojos sin saberlo, con algo que dijo sin ninguna intención y me hizo pensar que, ¿por qué recordarte con tristeza? Tú siempre fuiste alguien alegre, el motor de la casa, la mano que empujaba a la familia y la guardaba unida. Tú siempre fuiste alegre y viva, ¿por qué recordarte ahora de otro modo?

Nunca olvidaré lo sucedido el cuatro de agosto del 2015 a las 21.20 de la noche, ni los momentos previos, ni esa lágrima, ni esos desesperados intentos de llevar aire a tus pulmones, esperándome, no querías irte sin despedirme, aguardando inquieta y a la vez paciente como cuando era joven y salía por las noches y no te dormías hasta que yo regresaba.

Nunca olvidaré los días previos, ni los siguientes, pero tampoco olvidaré tu peinado y tu vestido nuevo y tu sonrisa el día de la comunión de Inma. Ni olvidaré tu sonrisa y tu rostro feliz el día que estrenabas aquel abrigo que siempre soñaste y al final pude regalarte, ¿te acuerdas tú? Fuimos a comer a un sitio que te gustaba y luego a tomar café a uno que me gustaba a mí, y allí, cogida del brazo de papá, feliz, empecé a ver que te hacías mayor y la vida te pasaba factura.

No olvidaré el día de mi boda con mi flamante madrina azul; no olvidaré tu rostro el día de la boda de tu hija, aunque entonces papá ya no estaba. No olvidaré aquella vez en la piscina cuando me caí del columpio, ni la tarde que me estrellé contra un tendedero, tú siempre estabas allí, calmando mi dolor, curando mis heridas, y apagando mis miedos. No olvidaré las noches en el pueblo, los cohetes me asustaban, la casa vieja me susurraba amedrentándome, las sombras y hasta las cortinas flotaban provocando mi terror que tú, y papá combatíais hasta que conseguía dormirme.

No olvidaré mis gamberradas y tus reprimendas efímeras, como cuando metí una lenteja en el oído de mi hermana, o el día que esperando el autobús y jugando conmigo se cayó al pilón y tuviste que abrir la maleta y cambiarla de ropa allí, en plena calle y a toda prisa. Y una vez emprendimos viaje, tu sonrisa comprendiendo nuestra travesura en secreto.

No olvidaré el día que refleja la fotografía, la presentación de El último secreto del Titanic, la última a la que tuviste fuerza de asistir.

Nada se me olvidará por mucho tiempo que pase, al contrario, como dice la canción, guardaré en tarros de miel todo lo vivido, y feliz te recordaré aunque te extrañe, y feliz te sabré en el cielo con él, a su lado, siempre juntos.

Besos mamá. Acuérdate de que te recuerdo, que te echo de menos y de que te quiero.

Nunca olvidaré las tardes en casa, con los amigos, era la casa más modesta y a la que más a gusto íbamos, no olvidaré que obligabas a Manolo a tomarse el café y las pastas cuando a él nunca le gustaron, ni aquella noche que nos castigaste sin salir, a mí, y también a él, y allí nos quedamos hasta que le dijiste que se fuera ya a su casa.

No olvidaré nunca nada de ti, ni siquiera esa última lágrima que quizá soñé y que derramaste para asegurarme que me habías oído. Y siempre te recordaré, fuerte, alegre, eterna luchadora, siempre superviviente, hasta que el año pasado te cansaste de pelear y decidiste que a todo guerrero le llega su reposo y que tú ya bien merecido lo tenías.    Decidiste que mereció la pena haber vivido pero que ya tenías suficiente y…, te dejaste ir, despacio, silente, sin retorno.

Nunca olvidaré, siempre te recordaré con alegría.

 

 

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3 comments

  1. Recordar es una forma de volver a vivir el pasado. En tal caso ¿por qué recordar los malos momentos revivir los buenos? No puedo estar más de acuerdo con esa persona que dices te abrió los ojos sin saberlo. Una madre no se merece un mal recuerdo, todos deben ser buenos e ir acompañados de una sonrisa. Ya lo dice la canción “…y si quieres llorar, te hago reír” 🙂

  2. Siempre merece la pena leerte. Porque muchas de tus palabras pueden describir lo que uno siente. Es tan duro superar las ausencias. Pero como bien decís, siempre debemos recordar cada momento vivido. Cada conversación tenida. Una madre es la respuesta a la pregunta qué es la vida. Una madre. Todo amor, comprensión y preocupación en ayudar. El eje de nuestras vidas. Un abrazo muy grande Ángel.

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