Sueños

significado_sueños_mas_comunes

Relato ganador del XIII Certamen de Relato Corto La Risquera.

SUEÑOS

 

En la orilla del río tal como siempre habían soñado. Tenían una casa pequeña pero confortable, tan cerca de la orilla que el ruido incesante del agua era considerado un miembro más de la familia. La señora Derya, en ocasiones, tenía miedo, sobre todo los días de lluvia y de tormenta cuando el caudal del río crecía y crecía y amenazaba con inundar e incluso con arrancar la casa de sus cimientos.

Aunque salían a diario y estaban mucho tiempo fuera, se les solía ver en casa por las tardes, ella enfrascada en labores de limpieza o tocando el piano, cocinando o tocando el piano, tocando el piano o esperando que llegara el momento de poder hacerlo. Él siempre en su despacho leyendo o escribiendo. De sus manos brotaban letras continuamente, incesantemente, llenaba páginas con relatos, cuentos, historias, novelas o simplemente tontos proyectos literarios que nunca se materializaban en realidades.

No llevaban mucho tiempo viviendo allí, o sí, depende de cómo se valore el tiempo. Haría veinte años que él empezó a ganar dinero con la literatura y compraron la casa, haría veinte años que rompieron con todo, con la ciudad, con su ritmo de vida anterior y con el estrés. Entre los dos recogieron los escombros y construyeron otra existencia nueva en su paraíso.

John era más viejo, aunque no era viejo. Se conservaba bien para su edad y trabajaba a diario en sus letras. Derya era más joven aunque no era joven y merodeaba por encima de su hombro mientras trabaja, cotilleando y corrigiendo lo ya escrito.

Les gustaba pasear por el campo, permanecer mucho tiempo en los bosques y sobre todo les gustaba nadar en el río. Habían sido muy felices tiempo atrás, ahora no tanto. Ya no había mariposas en los estómagos, ya no ansiaban estar todo el día juntos sino que cada uno precisaba de sus ratos de soledad y de su espacio propio. Y los ratos y los espacios cada vez se hacían más grandes, de seguir creciendo se harían tan amplios que no cabrían en casa.

Aquella tarde John escribía y Derya necesitaba su espacio, lo dejó en su despacho y se fue al salón, a leer un libro o a oír su música o a ver ese programa de televisión al que se había enganchado. El sonido de las teclas indicaba que él estaba inspirado esa tarde…, y ya se les hacía tarde para su paseo diario y su retiro en el parque.

Derya, cansada de su espacio, se acercó al de su amado. El incesante machacar de las teclas, la pasión que ponía al tocarlas y arrancar palabras le hizo recordar tiempos más felices, momentos en que sus dedos se dedicaban más a su cuerpo y menos a las letras, días en que ella se quejaba de lo pesado que era, siempre besándola, abrazándola, tocándole el pecho o el culo a la menor ocasión sin importarle quien los viera. Lo recordó, lo añoró y deseó que John sintiera de nuevo el impulso de besarla, abrazarla y acariciarla a todas horas. Pero tanto le había regañado acusándole de pesado que tal vez había apagado el ardor que antes le caracterizaba. La vida compartida había difuminado al amor y apagado al deseo; la rutina se había impuesto como en todas las parejas del mundo, algo que ellos creyeron que jamás les afectaría les afectó sin darse cuenta.

El rumor del agua del río se colaba en el salón y adormeció los sentidos de Derya que esperaba atención de su esposo sin que esta ocurriera. Se tumbó en el sillón y abrió aquel libro que le regaló y que tantas veces había leído. Las letras se le borraban, las palabras se distorsionaban, las líneas se confundían. Cerró sus párpados y los volvió a abrir en varias ocasiones, le picaban los ojos y los sentía enrojecidos. Fue entonces cuando se durmió y escuchando el sonido incesante del agua discurriendo por el río y el repique de las teclas envidiadas acariciadas por los dedos de su amado, tuvo el sueño.

Hacía años que no soñaba o que no recordaba haber soñado. Derya tenía una cualidad, sus sueños se cumplían, se hacían realidad. John tenía una cruz que arrastró toda su vida, siempre terminaba cerca de una persona cuyos sueños se cumplían, sueños en los que en ocasiones él no tenía espacio y se convertían en sus pesadillas. Y aquella tarde de lluvia, plomiza, anodina y gris tuvo Derya uno de sus delirios oníricos.

El libro se deslizó entre sus dedos finos y el estruendo que hizo al caer no logró despertarla ni distraer a John de sus escrituras. Apenas habría mantenido los ojos cerrados un par de minutos cuando despertó sobresaltada, empapada en sudor y jadeando sin motivo. John la zarandeaba por los hombros y la miraba asustado.

– ¿Qué ocurre?- preguntó sorprendida-, ¿por qué me despiertas?

– No sé, ¿qué ocurre?- respondió enervado-, dímelo tú, estabas gritando a todo volumen.

– ¿Yo, tan fuerte he chillado que te he apartado del ordenador?- balbuceó con algo de sorna-, pues si que ha debido ser el mío un grito atronador para distraerte.

– Bueno y ¿qué te pasaba, estás enferma?

– ¿Yo enferma?, pues claro que no, ha sido un sueño.

– Y ¿qué cosa tan terrible has soñado para quejarte de ese modo?

Derya se quedó pensando en el sueño, en realidad no lo podía precisar, empezó a hablar según las imágenes accedían al desván de su recuerdo.

– Pues era algo extraño. Estaba leyendo, oía el rumor del agua del río, no podía mantener los ojos abiertos, el libro se cerró y de repente apareció un hombre.

– Pero ¿estabas en casa? ¿Cómo iba a aparecer un hombre en casa?

– No sé si era en casa o en el parque o en el río, los sueños son delirios sin sentido.

– Bueno, los tuyos no tanto- dijo John que conocía todos los secretos de su pareja y sabía que sus sueños se cumplían-. Apareció un hombre, y… ¿qué más pasó?

– No recuerdo bien, era alto, no era apuesto pero tenía atractivo, su voz era delicada y su cabello rubio. Me hablaba del libro que estaba leyendo, él lo había leído o quizá era el autor y me explicaba cómo poder comprenderlo. Me leyó algunos párrafos de diferentes páginas…, luego lo dejó caer al suelo y me besó y yo no pude negarme a sus requerimientos, pensaba que tenía que alejarlo de mí y sin embargo lo abrazaba y me dejaba besar y me gustaba aquella locura.

– ¡Vaya, muy bonito!- interrumpió él con sorpresa- yo creí que solo soñabas conmigo.

– Contigo sueño despierta, esto era involuntario.

– Y ¿qué más pasó?

– No sé, me besó muchas veces, mucho rato, besos muy prolongados, luego sus manos recorrieron todo mi cuerpo, sin darme cuenta de cómo lo hizo me había desnudado.

– Mira no sigas- dijo indignándose John-, si me has engañado aunque sea en sueños prefiero no saberlo, me voy a terminar el capítulo, hoy, como llueve, no habrá paseo.

– No me importa mojarme y eso tú ya lo sabes, podemos caminar igual aunque llueva- adujo aunque él ya no la oyó, se había marchado a su despacho. Derya añadió con algo de desconsuelo-. Antes sí querías saberlo todo de mí, aunque fueran sueños.

Continuó recordando el sueño y fue como soñarlo de nuevo, como si lo viviera.

Estaba desnuda y aquel hombre acariciaba insaciable su cuerpo con su manos grandes y rápidas. Sus caricias la hacían temblar de placer y comenzó a gemir. Después las manos terminaron su labor y dejaron paso a su boca, fueron sus labios los que besaron todo su cuerpo y después su lengua que le hizo un pijama de saliva. Derya estaba al borde del orgasmo y no sabía si era un sueño, el recuerdo de un sueño o la más viva realidad.

Aquel hombre, sin ni siquiera desnudarse, sacó su sexo y lo introdujo en el de ella. Y cayó por el abismo, dejó de estar al borde del orgasmo para alcanzarlo sin remedio y chillar a pleno pulmón el placer que sentía.

– ¿Otra vez estás chillando?- preguntó John regresando al salón muy airado.

– Sí, te estoy llamando- mintió ella por primera vez a su amado- ha dejado de llover, vamos a salir un rato, al menos al parque a sentarnos en nuestro banco y charlar.

Lo hacían todas las tardes, cuando empezaba a anochecer se sentaban en el parque y hablaban de sus asuntos, de los sucesos del pueblo, de las últimas noticias, de literatura, del último libro leído o del próximo por escribir. Eran siempre largas, inteligentes y amenas charlas que a ambos placían y complacían.

– Bien, vamos, pero abrígate bien que está el ambiente muy húmedo y fresco.

Al salir, bajo el mismo quicio de la puerta, encontraron a un hombre. Era alto y rubio, no demasiado guapo pero no exento de atractivo, sus labios brillaron con un destello especial.

– Vengo a reparar la lavadora.

– ¿La lavadora?- preguntó John con sorpresa-, pero, ¿acaso se ha estropeado la lavadora?

– Sí cariño, se estropeó la semana pasada, no quise decirte nada para no preocuparte con problemas domésticos.

– Bueno, pues ya que te has encargado tú de todo quédate con el técnico, yo te espero en el parque, iré secando el agua del banco.

Caminó lento hacia el parque sin mirar atrás sabiendo que el sueño de su pareja se estaba cumpliendo, pensando en la conversación que iban a mantener, repasando sus argumentos y contenidos para que no se le olvidara ninguno de los que quería compartir con Derya.

En una hora aproximadamente el técnico de reparación de electrodomésticos se marchó. Derya sonreía cuando caminó hasta el parque. Al llegar allí la sonrisa desapareció de repente, John no estaba en el banco de siempre, en su lugar había un libro, un libro que él le había regalado muchos años atrás y que ella tantas veces había leído.

Se sentó en el banco, acarició el libro. Regresó la lluvia y caminando hacia casa sin importarle demasiado mojarse, supo que quien no regresaría sería él, se había ido para no volver, se había ido para no molestar, para no impedirle realizar sus sueños cumplidos, para permitirle volver a soñar.

 

Moraleja: Ten cuidado con lo que sueñas, un día puede hacerse realidad.

Anuncios

2 comments

  1. Muchas felicidades por el merecido premio. Me alegro mucho del reconocimiento. Es un grandísimo relato, que como bien dices en la moraleja… a veces los sueños se cumplen. Y las consecuencias de esos sueños no siempre son buenas para nuestra vida. Un abrazo Ángel.

    1. Por lo general soñamos lo que deseamos en ese espacio de tiempo pero a veces lo alcanzamos, nuestros sueños se cumplen y después acarrean consecuencias con las que no habíamos contado y mejor hubiera sido que no se cumplieran. En fin, como dice el cantante de mi grupo favorito, vive y deja vivir, sueña y deja soñar, que es lo que hace el personaje del relato.
      Muchas gracias por tu lectura y tus palabras amigo Gerardo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s