Lo mio tiene lo suyo

Nunca me doy por vencido, sobre todo porque no me gusta entablar batallas que pierden todos, ganadores y derrotados, todos perdidos. Me parece interesante ser agua, llover, verterme o ser vertido donde sea preciso y necesario para limpiar al mundo de todas sus basuras. Correr libre y bravo en busca del mar. ¿Libre? ¿Es ser libre transcurrir y discurrir siempre entre los márgenes del río por otros dibujado y por los siglos establecido?

Ser fuego es más complicado, no sé vender humo, no sé quemarme en silencio, no sé resurgir de mis cenizas. No sé. Colecciono defectos y no sé ni quiero saber presumir de las virtudes que carezco. Soy tan complicado, lo mío tiene lo suyo.

A veces me da por volar, hay días que no duermo y noches que me da por soñar, a veces las alas se me hielan y me da por aterrizar, hay días que no sueño y noches que sueño sin dormir. Se me da bien meter la pata hasta el corvejón, aprendo rápido a derribar los muros y destruir los castillos en el aire que tardo eternidades en construir; tanto trabajo, tanto derroche de esfuerzo y todo al traste con un soplido.

El filo de una navaja no me asusta, ni las fieras que afilan sus garras a mi espalda, con la muerte me tomo unas copas y las paga ella antes de irse con la guadaña vacía. Aunque lo tengo, como todas las personas pese a que no lo reconozcan, del miedo poco conozco, poco o nada me asusta pero me aterra que me niegues tu sonrisa o que alguien te la robe por andarme yo en otro guiso, de otra guisa.

A veces me da por practicar mi renacimiento, intento brotar, y broto. Soy capaz de crecer sin agua, de sobrevivir tormentas, de lidiar sequías, de escribir lunas, de inventar lunares; soy capaz de poner música a mis eclipses y mis fases. A veces soy un alud imparable, creciente y nuevo me subo a la escoba de mi bruja y cabalgo océanos de aire, respiro, sonrío, me río de los ríos y me encuentro aunque no estaba perdido…, sueño.

A veces caigo del sueño y me descalabro. De bruces me hago cruces, esparrancado junto a la cama, la sangre por debajo de la seda de las sábanas me despierta. Y soy agua sin humo, fuego sin bríos que no caldea el hogar.

A veces apedrean mi garganta quienes me oyen cantar y sus mordazas tapan mis pies sin cuerda ni alas. Y me queman las palabras que no tengo y que no pronuncio ni…, escribo.

No sé volar, tengo vértigo; me resigno a pisar tierra firme, me marean las olas; piso fuerte, finjo una risa y atisbo una mueca, vivo o intento no morir sin vivir. Soy así, un desastre de agua contaminada y turbia, un humo denso de fuego que no calienta pero quema. Soy cenizas y lodos, defectos los tengo todos, alguno incluso repetido, te lo cambio a ti si quieres, a ti que tan bueno eres, a ti que jamás te equivocas ni yerras, a ti que eres perfecto te cambio uno de mis defectos por alguna virtud.

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