Ángel de amapola blanca

AMAPOLA BLANCA

 

Dos veces ha ido el cántaro a la fuente

resquebrajado, hecho pedazos

y así ha regresado,

el agua cristalina no pudo repararlo.

 

Hoy el instinto anhela ese néctar

y recuerda añejos manantiales

ya lejanos, ya perdidos;

otras gotas frescas y sabrosas olvidadas,

amapolas blancas ya marchitas.

 

Otros momentos hubo por compartir,

se evaporaron,

la sed no pudo,

o no quiso,

o no se atrevió.

No tuvo su alma un alma rebelde

ni un corazón suficiente.

 

Y ahora, sucedido lo inevitable,

añorando lo no acontecido,

muerto de sed el aliento,

ánfora rota en añicos, desaparecida,

llega la fuente a la cita

y en un ocaso de barro

a los dos les resulta imposible beber.

 

A través de la penúltima lágrima

nos vemos un segundo,

tú, mi amapola, mi redoma,… sonríes,

yo, tu sed,… te lloro y te evoco y te invoco,

te necesito,

te quiero.

 

Roto ya, destrozado, enterrado,

ausente para siempre

el cántaro que me regaló

el agua de la vida.

 

 

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2 comments

  1. Muy original poner en primer plano, como protagonista al agua… agua, labios, besos… la necesidad de tocar, el recuerdo de lo que ya no puede ser… siempre dos pasos por delante viendo el amor de la manera mas poética y sensible… un saludo Ángel.

    1. Siempre nos damos cuenta de lo que queremos, de lo que más queremos, cuando lo hemos perdido y ya no nos queda más que el recuerdo de lo que fue y la añoranza de lo que pudo haber sido. Un abrazo, amigo. Gracias por tus lecturas y tus palabras.

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