Más alto que nosotros solo el cielo

 

Demasiado pronto se nos hizo tarde.

Cayó el telón apenas comenzado el primer acto y ya es tarde ahora que he cambiado por canas mi pelo negro y por calmas mis tempestades. Ahora que he cambiado el espejo del cristal de mis gafas de sol por la lupa de la presbicia miro al cielo y lo veo más zarco, más alto y no obstante tan cerca que si cierro los ojos escuchando esta canción puedo tocarlo.

Puedo cerrar mis brazos en torno a mi pecho y verte sonreír, puedo abrazar tu frágil cuerpo una vez más, solo una, y al abrirlos  y soltarme sin desabrazarte trato de perseguir lo que nos difumina el infinito a la vuelta de la esquina.

Camino despacio hacia lo desconocido y quizá descubra esos misterios que preferirían ignorar aquellos que siempre fueron ignorantes. Ignorantes de ti y de mí y de él y de ti y de ella y de ti y de nosotros y de ti…

Algunos aromas dulces y buenos desaparecen para no volver nunca, tú lo sabes mejor que nadie, pero siempre por encima de nuestras cabezas está el cielo con sus nubes, por dentro del corazón está el cariño y a flor de piel hierven en carne viva nuestros sentimientos vivos en rescoldos hambrientos.

Ha empezado el final de la lluvia, ha empezado a corromperse el suspiro de la niebla y el frío se nos queda en la altura, tan elevado que allí no llega el efímero sueño de sus nieves. Desde arriba me miras y más alto aún que tu mirada está el cielo y la caricia tibia de tu tacto me la acerca el viento de tu boca al soplar ochenta y tres velas.

Si cierras los ojos hoy que es tu cumpleaños y te dejas llevar por el almibarado calor de esta canción podrás cantar y bailar, me podrás secar las lágrimas con tus labios y conseguirán tocar tus dedos cansados el sueño del cielo y yo lograré acariciarlo a través de tus manos y tu silencio.

Podrás tocar el cielo hoy que ya es tarde demasiado pronto, y a veces me miento y me olvido de que tú ya no necesitas esta canción para tocarlo ni soñarlo. Tú ya estás allí, esperando con los dedos entrelazados y balanceando la mecedora como siempre hacías en la ternura de tus noches.

Mientras lloran lágrimas de sangre mis párpados cansinos escribo mis debilidades mirando a ese cielo por encima de nosotros.

Más alto que nosotros y que el cielo está tu sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

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4 comments

  1. Cada línea está impregnada de una tibia melancolía, ese poso de cuando uno con los años regula la velocidad de su vida y su mente, cuando uno entiende que las cosas se ven de manera diferente con la perspectiva del tiempo. Me ha gustado mucho. Un saludo, Ángel.

    1. Estas letras están dedicadas a mi madre en el día de su cumpleaños en otro nuevo año que no cumplirá. A ella siempre y a su sonrisa que está dibujada de forma perenne en el cielo.

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