Más de ocho vidas

Su mano trémula desliza la cortina, las rendijas de la persiana permiten que habite luz en el reducido mundo de su habitación. Aparta las telarañas del espejo, quita el polvo que difumina la realidad y el reflejo dibuja contornos una vez más.
Y no es lo mismo, no es igual, no es el perfil que vive en su recuerdo, algo ha cambiado, todo ha cambiado.
El cascabel tintinea, suena a latidos bombeando alcohol, debe ser ya la hora de buscar un infierno sin primavera y encontrarlo. Debe ser tiempo de hacerse preguntas y mirar hacia el interior y escribir otro cuento que parezca que habla de ti y que cada letra sea la anestesia perfecta para todas las vísceras. Abre los ojos para dejar de ver la sombra, tira la piedra y el cristal no se rompe, ni se inmuta.
Se mira con asombro y no se reconoce, alarga el brazo hasta que sus dedos rozan el cristal y se arruga su piel y se oye el eco de los pasos que perduran en el pasillo de la memoria con más nitidez que las imágenes y los aromas.
El espejo no guarda sonidos ni olores, ni siquiera la imagen es correcta sino inversa y los besos se le salen del alma a borbotones y chorrean versos los cristales húmedos a punto de estallar en infinitos pedazos. Versos y besos que tiene más heridas que su vida y más vidas que los gatos que con siete no tienen suficiente. Como esa espalda sin memoria que con nada se conforma, que con nadie se conforta.
El dolor sorprende a la sorpresa en el momento más inoportuno, en lo más alto y resbaladizo del tejado. Puede cerrar los ojos y saltar, puede abrir el pecho y temblar, puede apretar con rabia los puños y dar la vuelta y volver sobre las huellas de sus pies. Puede sellar sus labios y despedirse, decir adiós a mucha gente que quizá no vuelva a ver, no en esta vida, no en este aeropuerto, no en este desierto, no en esta estación desierta.
Sucederá el futuro y en él un bálsamo que cicatrice heridas, que despida maldiciones, que reanude por octava vez las cenizas de una existencia reanudada y quemada y revivida. Y la botella vacía cae del tejado y rompen las olas inundando de sed al ciclón de la noche y a sus afiladas rocas.
Los demonios vuelven a deslizar la cortina en sentido inverso, la persiana miente una vez más enturbiando a la turbia realidad, el espejo vuelve a oscurecer de soledad y a reducir el reducido tamaño de la habitación. Al fondo se oye una canción, susurra vidas, parece que habla de ti, murmura eternas despedidas en tejados sin violinista, trata de sentimientos confusos en sedientos desiertos. Habla de gatos sin alma con más de ocho vidas que beben tu sangre cuando tienen sed.
Felinos taimados juegan armados con cascabeles y retumban acompasados latidos, sesenta arcanos lamentos por minuto como si tuvieran prisionero en su hueco metal frío a algún jodido corazón tan grande que no puede escapar por la ínfima ranura de sus rejas.

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One comment

  1. Brillante retazo de tristeza y decepción… donde todos podemos vernos reflejados en algún momento de nuestra vida cuando todo se nos tuerce y todo son dudas… nos asomamos a ese abismo y pensamos que nada puede ir peor… Gracias por compartir tus letras siempre impregnadas de realidad. Un abrazo.

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