Amor de calavera

 

Un relato de urgencia. Amor de calavera. Canción de Los Pantoja, que no hacen flamenco, hacen puro rock and roll. Lo más literario que se me ocurre con una calavera como protagonista es Hamlet, No es lo mismo una calavera (huesos de la cabeza despojados de carne y piel) que un calavera (persona disipada y juerguista).

Amor letal, amor de carnaval, amor de calavera.

 

 

Una mano trémula desliza la cortina otra vez. Dar palos de ciego y buscar un reflejo que no encuentro paseando entre los charcos turbios de las calles más peligrosas de Madrid.
Siempre dijiste, o pensaste sin decir que yo era un calavera. Otra mirada y me encalabrinaste en esa idea disoluta y sembraste en mí la duda más que razonable.
¿Soy o no soy?, esa es la cuestión. ¿Soy un puñado de huesos sin carne ni piel, ni tacto ni sentimiento? ¿Soy un degenerado crapuloso que se disfraza de esqueleto en tu fiesta de cumpleaños para soplar las velas de una tarta amarga antes de que ardan los años?
Estoy en mi castillo de papel, escena primera del tercer acto, es noche cerrada, es miedo oscuro, la víctima se acerca a mis manos vacías anhelando una puñalada traicionera. Pero, ¿quién es la víctima? ¿Soy yo?, ¿eres tú? ¿Quién escribe el cuento y quién es el personaje y hasta dónde es cierto lo que cuentan las estrofas de esta canción que ni es tuya ni mía?
Paso por un cementerio, escena primera del quinto acto. Mi alma que hacía tiempo estaba enferma ha muerto, sepultada aquí se encuentra y ya ni reírme a mandíbula batiente puedo de mi propia desgracia.
¿Soy o no soy?, o quizá es solo un disfraz esa pena que visto, tal vez la sardina siga viviendo y coleando, quizá esto sea un simple carnaval disfrazado de sepelio. Otra absurda mentira burda de burdel.
La cortina ya no puede ocultar con su purpurina mis demacradas facciones, sus sedas no pueden vituperar mis letales ficciones. Ya solo puedo hablar de ayer, el futuro no existe y mis dudas persisten. Y ¿qué es más noble, huir una vez más o echarle huevos esta vez? ¿Morir, dormir, no despertar y poder sepultar el dolor del corazón en un sueño? La conciencia vuelve cobardes a los valientes y convierte en estorbos a sus armas y así, se diluyen sus hierros, se difuminan en simples calaveras blanquecinas azotadas por su opresor, acosadas por la hiel del huido amor. Resuena en mis tímpanos aquella jota: Me dicen el calavera porque al tercio me marché; no me fui por calavera, me fui por una mujer.
La cortina ya no quiere ocultar más derrotas, ángel caído, abatido, gorrión de alas rotas. Ya ni puedo recordar el ayer, el pasado no existe y mis deudas resisten. Y ¿qué es más noble, ser cadáver o enterrador? ¿Dormir, soñar, despertar y sepultar los sueños en el cajón de las frustraciones y disfrazar al corazón de pirata tuerto al asalto de una oficina desierta? La inconsciencia vuelve perversos a los perdedores y convierte en armas sus yerros, su desesperación y, así se tornan calaveras, desaparecen sus estigmas y en alcohol disuelven sus penas y sanan cicatrices con los gusanos del panteón.
Corre aunque estés muerto, las palabras te pisan los talones.

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