Los dados del destino

 

Despierto y me levanto.

¿O era al revés? Me levanto y al rato me despierto. O no.

Otro día que llenar de versos, otro más ausente de besos, volveré a tropezar, a caer y a rodar. Lo sé. Sé que lo sé. Es mi destino y los dados no pueden cambiarlo.

Me cobijo de la libertad de la luna en un enjambre de sueños muertos de hambre, vivos de sed. Rayos de luna que tiran a matar o a morir.

Tiro los dados, caen en la profunda confusión de la agonía. Impar, caminaré hacia mi siniestra.

Da igual el camino, es indiferente el ritmo de mi cansino caminar, sé que me estrellaré contra la primera estrella que se me cruce. No la veré porque solo tengo ojos para ti, no la oiré porque solo tengo oídos para ti. Cuando el choque sea inminente yo navegaré hipnotizado por tu culo, no puedo ni quiero evitar admirarlo cuando te vas sin decir, pero diciendo que ya no volverás. Mi destino es verte marchar.

Todo sale según lo previsto, y todo entra al revés desprovisto de remiendos. Lamo heridas ajenas y dejo sangrar las mías añejas. Muerdo a la mano que me da de comer y le grito que lo que quiero, lo que necesito, lo que ansío, es beber para aplacar mi desierto.

Y tiro los dados que al caer dejan aroma de flores secas, crisantemos en tu pelo, tulipanes en tu piel, espinas en mi alma. Par, sonreiré hacia la diestra y de bruces comeré todos tus anzuelos ansioso de tragarme el cebo de los gusanos.

Valiente marinero de plomo estoy hecho, por la boca muero remolcando mi barco de papel contra toda corriente que me encuentro, contra toda corriente que me encuentre.

Tiro los dados, dos dados cuyos dígitos suman trece, dados de siete caras con espejos en las aristas, con cristales rotos en los vértices de sus vórtices, dados que no caen, el viento se los lleva, los arrastra y confuso me deja sin saber qué camino debo seguir. ¿Dónde está mi destino, dados traidores? ¿Dónde está el contenedor incapaz de contenerme?

Te seguiré a ti aunque me trague la oscuridad de la noche más perdida, buscaré el rastro de tu culo, me conformaré con verte y guardarte la espalda y recoger tus dados tramposos cuando el viento los lleve y caigan en el lodo del fracaso en el que hace un montón de sueños encontré los míos buscando la sangre de un recuerdo.

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