Autor: angelutrillas

Manos arriba

 

Manos arriba.

Del grupo turolense

AZERO

 

 

Acerando, atezando o acezando.

Adrezando tras la penúltima caída. De lo que se siembra se recoge y tú te recoges a ti mismo, la última caída es el punto de partida y el de recogida. Qué fácil es desesperar cuando te has propuesto encontrar el bálsamo universal. Alquimista bajo el aguacero que en el juego de la vida has perdido la partida, no encuentras lo que buscas, no buscas lo que encuentras, no buscas lo que pierdes, ni lo encuentras ni lo quieres. Subes cuando todos bajan, bajas cuando otros se rebajan, rebajas las manos cuando gritan que las pongas arriba. Y te disparan balas negras.

Llueve aceite hirviendo, sin ninguna intención de escampar, el día del sepelio quemando los crisantemos. Finges odiar sabiendo que jamás dejarás de amar, ni mil veces muerto.

Acedando, alcorzando o acibarando.

Aclocando la mirada en el infinito oscuro de las noches perdidas, estrellas desgastadas de soñarlas en desvelados suspiros, ¡ríndete, quédate dentro de tu anónimo agujero!, asesina a la resaca y entierra la ilusión gastada. El ascensor está averiado, las escaleras clausuradas, los labios que anhelas viven en el último piso del más elevado rascacielos y tú en el garaje dando tumbos sin posibilidad de subir, con imposibilidad de salir. Te sueñas Aracne, fabricas hilos de seda y tejes escalas, no te vas a rendir. Bajas los brazos cuando te gritan manos arriba. Y te duelen las heridas que te causan los disparos.

Sopla el viento esparciendo basura hedionda, sin ninguna voluntad de finar el temporal, el día del olvido arrastrando pétalos podridos. Intentas olvidarla sabiendo que aparecerá aunque sea en sueños, en pesadillas. Cuanto menos la invocas más te provoca.

No dejes que los demás te organicen el poco tiempo que te queda, los años duelen cuando pasan y aunque te duela no volverán a pasar. El día a día de todos los días te revienta las rodillas, y rotas vuelven a empezar en un reflejo tu cruzada particular.

Te harás el sordo cuando te vuelvan a chillar un segundo antes de disparar… ¡manos arriba! La bala blanca volverá a atravesar tu alma partida.

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Amor de calavera

 

Un relato de urgencia. Amor de calavera. Canción de Los Pantoja, que no hacen flamenco, hacen puro rock and roll. Lo más literario que se me ocurre con una calavera como protagonista es Hamlet, No es lo mismo una calavera (huesos de la cabeza despojados de carne y piel) que un calavera (persona disipada y juerguista).

Amor letal, amor de carnaval, amor de calavera.

 

 

Una mano trémula desliza la cortina otra vez. Dar palos de ciego y buscar un reflejo que no encuentro paseando entre los charcos turbios de las calles más peligrosas de Madrid.
Siempre dijiste, o pensaste sin decir que yo era un calavera. Otra mirada y me encalabrinaste en esa idea disoluta y sembraste en mí la duda más que razonable.
¿Soy o no soy?, esa es la cuestión. ¿Soy un puñado de huesos sin carne ni piel, ni tacto ni sentimiento? ¿Soy un degenerado crapuloso que se disfraza de esqueleto en tu fiesta de cumpleaños para soplar las velas de una tarta amarga antes de que ardan los años?
Estoy en mi castillo de papel, escena primera del tercer acto, es noche cerrada, es miedo oscuro, la víctima se acerca a mis manos vacías anhelando una puñalada traicionera. Pero, ¿quién es la víctima? ¿Soy yo?, ¿eres tú? ¿Quién escribe el cuento y quién es el personaje y hasta dónde es cierto lo que cuentan las estrofas de esta canción que ni es tuya ni mía?
Paso por un cementerio, escena primera del quinto acto. Mi alma que hacía tiempo estaba enferma ha muerto, sepultada aquí se encuentra y ya ni reírme a mandíbula batiente puedo de mi propia desgracia.
¿Soy o no soy?, o quizá es solo un disfraz esa pena que visto, tal vez la sardina siga viviendo y coleando, quizá esto sea un simple carnaval disfrazado de sepelio. Otra absurda mentira burda de burdel.
La cortina ya no puede ocultar con su purpurina mis demacradas facciones, sus sedas no pueden vituperar mis letales ficciones. Ya solo puedo hablar de ayer, el futuro no existe y mis dudas persisten. Y ¿qué es más noble, huir una vez más o echarle huevos esta vez? ¿Morir, dormir, no despertar y poder sepultar el dolor del corazón en un sueño? La conciencia vuelve cobardes a los valientes y convierte en estorbos a sus armas y así, se diluyen sus hierros, se difuminan en simples calaveras blanquecinas azotadas por su opresor, acosadas por la hiel del huido amor. Resuena en mis tímpanos aquella jota: Me dicen el calavera porque al tercio me marché; no me fui por calavera, me fui por una mujer.
La cortina ya no quiere ocultar más derrotas, ángel caído, abatido, gorrión de alas rotas. Ya ni puedo recordar el ayer, el pasado no existe y mis deudas resisten. Y ¿qué es más noble, ser cadáver o enterrador? ¿Dormir, soñar, despertar y sepultar los sueños en el cajón de las frustraciones y disfrazar al corazón de pirata tuerto al asalto de una oficina desierta? La inconsciencia vuelve perversos a los perdedores y convierte en armas sus yerros, su desesperación y, así se tornan calaveras, desaparecen sus estigmas y en alcohol disuelven sus penas y sanan cicatrices con los gusanos del panteón.
Corre aunque estés muerto, las palabras te pisan los talones.

Más de ocho vidas

Su mano trémula desliza la cortina, las rendijas de la persiana permiten que habite luz en el reducido mundo de su habitación. Aparta las telarañas del espejo, quita el polvo que difumina la realidad y el reflejo dibuja contornos una vez más.
Y no es lo mismo, no es igual, no es el perfil que vive en su recuerdo, algo ha cambiado, todo ha cambiado.
El cascabel tintinea, suena a latidos bombeando alcohol, debe ser ya la hora de buscar un infierno sin primavera y encontrarlo. Debe ser tiempo de hacerse preguntas y mirar hacia el interior y escribir otro cuento que parezca que habla de ti y que cada letra sea la anestesia perfecta para todas las vísceras. Abre los ojos para dejar de ver la sombra, tira la piedra y el cristal no se rompe, ni se inmuta.
Se mira con asombro y no se reconoce, alarga el brazo hasta que sus dedos rozan el cristal y se arruga su piel y se oye el eco de los pasos que perduran en el pasillo de la memoria con más nitidez que las imágenes y los aromas.
El espejo no guarda sonidos ni olores, ni siquiera la imagen es correcta sino inversa y los besos se le salen del alma a borbotones y chorrean versos los cristales húmedos a punto de estallar en infinitos pedazos. Versos y besos que tiene más heridas que su vida y más vidas que los gatos que con siete no tienen suficiente. Como esa espalda sin memoria que con nada se conforma, que con nadie se conforta.
El dolor sorprende a la sorpresa en el momento más inoportuno, en lo más alto y resbaladizo del tejado. Puede cerrar los ojos y saltar, puede abrir el pecho y temblar, puede apretar con rabia los puños y dar la vuelta y volver sobre las huellas de sus pies. Puede sellar sus labios y despedirse, decir adiós a mucha gente que quizá no vuelva a ver, no en esta vida, no en este aeropuerto, no en este desierto, no en esta estación desierta.
Sucederá el futuro y en él un bálsamo que cicatrice heridas, que despida maldiciones, que reanude por octava vez las cenizas de una existencia reanudada y quemada y revivida. Y la botella vacía cae del tejado y rompen las olas inundando de sed al ciclón de la noche y a sus afiladas rocas.
Los demonios vuelven a deslizar la cortina en sentido inverso, la persiana miente una vez más enturbiando a la turbia realidad, el espejo vuelve a oscurecer de soledad y a reducir el reducido tamaño de la habitación. Al fondo se oye una canción, susurra vidas, parece que habla de ti, murmura eternas despedidas en tejados sin violinista, trata de sentimientos confusos en sedientos desiertos. Habla de gatos sin alma con más de ocho vidas que beben tu sangre cuando tienen sed.
Felinos taimados juegan armados con cascabeles y retumban acompasados latidos, sesenta arcanos lamentos por minuto como si tuvieran prisionero en su hueco metal frío a algún jodido corazón tan grande que no puede escapar por la ínfima ranura de sus rejas.

Más alto que nosotros solo el cielo

 

Demasiado pronto se nos hizo tarde.

Cayó el telón apenas comenzado el primer acto y ya es tarde ahora que he cambiado por canas mi pelo negro y por calmas mis tempestades. Ahora que he cambiado el espejo del cristal de mis gafas de sol por la lupa de la presbicia miro al cielo y lo veo más zarco, más alto y no obstante tan cerca que si cierro los ojos escuchando esta canción puedo tocarlo.

Puedo cerrar mis brazos en torno a mi pecho y verte sonreír, puedo abrazar tu frágil cuerpo una vez más, solo una, y al abrirlos  y soltarme sin desabrazarte trato de perseguir lo que nos difumina el infinito a la vuelta de la esquina.

Camino despacio hacia lo desconocido y quizá descubra esos misterios que preferirían ignorar aquellos que siempre fueron ignorantes. Ignorantes de ti y de mí y de él y de ti y de ella y de ti y de nosotros y de ti…

Algunos aromas dulces y buenos desaparecen para no volver nunca, tú lo sabes mejor que nadie, pero siempre por encima de nuestras cabezas está el cielo con sus nubes, por dentro del corazón está el cariño y a flor de piel hierven en carne viva nuestros sentimientos vivos en rescoldos hambrientos.

Ha empezado el final de la lluvia, ha empezado a corromperse el suspiro de la niebla y el frío se nos queda en la altura, tan elevado que allí no llega el efímero sueño de sus nieves. Desde arriba me miras y más alto aún que tu mirada está el cielo y la caricia tibia de tu tacto me la acerca el viento de tu boca al soplar ochenta y tres velas.

Si cierras los ojos hoy que es tu cumpleaños y te dejas llevar por el almibarado calor de esta canción podrás cantar y bailar, me podrás secar las lágrimas con tus labios y conseguirán tocar tus dedos cansados el sueño del cielo y yo lograré acariciarlo a través de tus manos y tu silencio.

Podrás tocar el cielo hoy que ya es tarde demasiado pronto, y a veces me miento y me olvido de que tú ya no necesitas esta canción para tocarlo ni soñarlo. Tú ya estás allí, esperando con los dedos entrelazados y balanceando la mecedora como siempre hacías en la ternura de tus noches.

Mientras lloran lágrimas de sangre mis párpados cansinos escribo mis debilidades mirando a ese cielo por encima de nosotros.

Más alto que nosotros y que el cielo está tu sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

PORQUE LAS COSAS CAMBIAN

 

Emprendemos viaje a ciegas con el equipaje de la ruina y la rutina. Vamos estacionando paradas y callando inconveniencias porque sabemos que nos vigilan permanentemente, sin tregua, ni descanso, ni piedad.

Y no obstante a lo largo del trayecto las cosas cambian y descubrimos los espejismos que no buscábamos a golpe de certera realidad incierta. De repente sin aviso previo nos percatamos de que las cosas cambian, de que nada es para siempre ni hay muela que cien años duela. Percibimos que ni siquiera lo eterno es para siempre. Y me convenzo de que tú tampoco eres para siempre, ni para siempre soy yo, ni siquiera juntos tú y yo somos eternos. Los aromas cambian y los cuerpos se pudren.

El reflejo en el azogue del espejo se me borra y me confunde y la confusión se difunde en pantomimas de marionetas de cartón mojado. La soledad derriba mis naipes al descubrirme que la libertad no existe aunque algunos la soñamos, la imaginación no tiene límite, el amor no existe aunque algunos lo escribimos del mismo modo nesciente que describimos soles cautivos en las faldas de la luna.

Y las cosas van cambiando de destino, de lugar, de aspecto. Porque ayer era un joven imbécil y hoy soy un imbécil viejo. Y como tanto he cambiado, por si algún día decides volver, quiero que sepas que yo te estaré esperando para plantar ese amor que no existe, para vivir la libertad que solo se sueña y no se alcanza.

Porque las cosas cambian y para que no todas cambien, ahora que no me quieres te sigo amando con locura desmedida, ya sabes, ya me conoces, lo mío siempre fue la rebeldía y llevarte la contraria. Quizá vuelvas siendo mi Penélope y yo tu Odiseo que ahuyente a todos tus pretendientes. Como las cosas cambian tal vez una noche entre los días seas mi musa, la musa que me inspire el corazón que de las otras tengo muchas.

Y por si vuelves y como las cosas cambian, para que puedas reconocerme a pesar de los cambios te presentaré mis credenciales. Sigo haciendo todo al revés, no me visto por los pies ni me desnudo por la boca porque solo miento cuando digo la verdad. Me encontrarás disfrazado de camaleón para poder subdisfrazarme y desdisfrazarme a mi antojo, para hacerme invisible y ser viento.

Sigo siendo el necio omnisciente que fui pero porque las cosas cambian, ahora ya no le tengo miedo a la oscuridad si es Venus quien me ilumina y duermo bien todas las noches que duermo y ya no me angustian las cortinas, ya no pueden provocarme pesadillas, su amargo oscilar no me paraliza, no me quedo quieto, la música no se me acaba y en mi espalda queda espacio para nuevas travesuras.

¡Cómo cambian las cosas! Ya te lo dije, un buen escritor nunca debe utilizar la palabra cosa en sus textos y yo un buen puñado de veces la he usado en este relato por la cual deduzco que no soy un buen escritor. Pero las cosas cambian y quizá un día lo sea si tengo el talento y la musa y la chispa necesaria.

Las miradas son insignificantes, la lluvia ya no daña mis neuronas. Si vuelves a regresar no entenderás mis facciones, ni mis acciones, ni mis inacciones, no entenderás mis rimas discordantes ni mis risas malsonantes; solo volverás a ver lo de siempre, lo que las cosas no cambian. Un tipo vulgar mirándose al espejo con un abanico en el ombligo, con el corazón en pedazos, con el alma quebrada, con la boca aguardando a tus labios.

Y sin embargo las cosas cambian y mañana quizá amanezca más temprano y cambiado y al salir de la ducha solo sea un corazón vulgar mirándose en el abanico quebrado de tus labios, un alma en un espejo hecho pedazos, una boca aguardando tu ombligo quebrado. Y es que el mundo da muchas vueltas insensatas y las cosas que no se caen…, cambian.

 

 

 

 

Hermanos del amanecer

Hermanos del amanecer, una gran canción llena de poesía del grupo turolense EFFE.

 

Decías que teníamos que caminar primaveras, que había en nuestros dedos letras para escribir muchos libros, que teníamos notas para componer miles de canciones, que nuestros besos eran versos conversos y convexos que llenarían infinitos poemarios de rimas de perfección.

Decías que el otoño no desembocaría en invierno, que el infierno no rompería los jirones ya dibujados ni embargaría las horas de la piel, decías que todo lo que decías eran olas navegando verdades en tu mar. Sumar que no restar.

Y ahora ¿dónde está la promesa del amanecer, en qué playa grita el viento el nombre que pronuncia a diario en su atardecer, qué acorde hay que silbar al perro de la magia para que acabe con las ratas de esta puta ciudad?

¿Dónde está tu piel, dónde mi hiel, dónde la luna y el reflejo del horizonte, dónde el amor que íbamos a tejer como hermanos, como dos almas con un solo latido inmenso y unido?

¿Por qué hoy sabe a nada la miel de aquellos besos que supieron a poco, por qué las nubes son negras si fueron azules, por qué las suelas de las botas de los soldados comprados para salvarnos pisan las cenizas de nuestros cristales hechos añicos y los sumergen en aquellos lodos hijos de aquellos barros?

Todo lo que empieza comienza a terminar en el mismo momento de su inicio, todo lo que nace empieza a morir lenta pero inexorablemente, entonces, ¿por qué nos prometimos ser eternos, por qué derretimos el hielo vertiendo sobre su espejo la miseria del agua hirviendo sabiendo que se enfriaría sin remisión en un gélido mármol?

Me bebo la piel que me arranco en tragos cortos, en vasos largos y escribo líneas y legados imaginando que a nadie habrán llegado, como siempre, mis boberías de siempre. Después de la tormenta la calma es el negocio de los necios, después de la calma la tormenta es el lujo de la hoguera, después de todo la nada es el precio del desprecio, queda un océano de nada donde nadar por toda la eternidad con los rescoldos de recuerdos confusos.

¿Dónde está ese lugar donde construir la historia, dónde hay que empezar a edificar las ruinas del naufragio, por dónde sale el sol, solo el sol sin luna, sin lunares, sin espalda y sin respaldos, sin rencores, sin acordes sin que te acuerdes de todos los quereres que quisimos prometernos?

Hermanos de sangre en la noche del amanecer.

Fango en las manos y en los faroles apagados de mis orillas.

Ceniceros repletos de humo que se ha fumado a nuestra mala salud un taimado diablo.

 

 

De papel de plata

EFFE es un grupo turolense que suena así de bien. De papel de plata es una de las canciones de su primer disco titulado Cuentos de invierno.

 

 

 

Hoy quiero volver a trastear contigo. ¡Joder, no me acuerdo si era trastear o enredar! En todo caso tú sabes a qué coño me refiero.

¿Cuántos rombos tiene ese verbo que no sé conjugar y cuyo infinitivo es una tortura circular? ¿En qué tipo de papel has envuelto tus sentimientos para que no transpiren y en qué papeles están ocultos tus recuerdos? Papel de estraza. ¡Joder, no me acuerdo si era de estraza o era de plata! En todo caso tú sabes a qué coño me refiero.

A la hora que quieras, sabes que estaré en el balcón aguardando los besos que calman mi tormenta, mi tempestad, mi veneno. Sabes que acepto todos los retos, sabes que a mí no me vence el sueño, ni tampoco me derrotan los sueños. Solo tú eres mi sueño y mi pesadilla, mi victoria y mi derrota, eres mi bandera y los andrajos de mis restos.

Sabes que sé cómo parar las olas aunque nunca supe nadar. No sé guardar la ropa ni sé en qué cajón están las toallas para secar mi llanto después del baño. Sabes que sé enfriar al calor aunque nunca quise aprender a patinar. No sé patinar pero resbalo a diario cien millones de palabras equivocadas y destilo sinrazones si me bebo los mares adecuados.

Sabes que no sé, sabes que todo lo hago mal, que la luna es la única que me puede entender y solo si hace de ce y no es creciente. Sabes que no puedo vivir sin los abrazos que iluminan mi noche, sin la noche que oscurece mis días, sin los días que amanecen a escondidas derrotando lunas de mentira en batallas de papel de plata. ¿Eran de plata los abrazos o eran de estraza?

Soy tu peor postor, el mejor impostor, tu cero a la izquierda, nada. Me gusta mecerme en el pico de la luna cuando hace de de y no está menguando y columpiarme en las estrellas cuando las ocultan tupidas nubes. No me gustan los gatos en los callejones ni los maullidos de los poetas que riman por soleares. Y el eco ya ni siquiera repite las palabras que mi garganta grita cuando mi voz se desgañita pidiendo ayuda, un cable, una soga para ahorcarme.

Sabes que es dolor todo lo que trazas. ¡Joder, no me acuerdo si era dolor o calor! En todo caso tú ya sabes a qué coño me refiero. Esta vez el tiempo perdido va de tu cuenta, de tu parte, pagas tú la próxima ronda que será la más cara. Lo dijo el bardo aquella noche del naufragio, el mismo espacio hay entre tú y yo que entre yo y tú; y yo esta noche sin barco suscribo sus palabras. Solo una pequeña diferencia existe, tus labios detienen a las olas, a las tormentas, a los océanos y al viento. Los míos apenas contienen al miedo. ¡Joder, no me acuerdo si era al miedo o al hielo! En todo caso tú ya sabes a qué coño me refiero.

Mi alma y tus caballos empañaron el cristal ayer, y hoy, aúllo en soledad desempañando de tristeza las imágenes. No te puedo rozar en invierno ni te puedo sudar en verano; ni quiero soñarte en primavera ni desnudarte de otoños. Quise cambiar el mundo, creí que era capaz. ¡Iluso insensato!, y te veo pasear abrazada por otro y mañana nada cambiará, todo será igual y a mí qué más me da. El último barco ha partido, una ola traidora lo ha golpeado y lo ha partido y los marineros preparan sus trampas, sus viejos trucos para jugar su último partido con ventaja de tahúr. Y ya está, el telón de acero cae. ¡Joder, no me acuerdo si era de acero o de papel de plata o de estraza! En todo caso tú ya sabes que es tu coño al que me refiero.

En tus abrazos de estraza van infinitos recuerdos.

En tus besos de Judas van mentiras disfrazadas de verdad.

En tu papel de plata van mis palabras al viento.

En la botella hay un mensaje en un idioma imposible de descifrar.